CAPÍTULO 39

2225 Palabras

KAILANI . . Desde ese día me puse paranoica. Ya no hablo con tanta naturalidad sin fijarme que nadie más esté escuchando. Ha pasado una semana y aún no puedo ver a mi padre sin sentir vergüenza, el hombre que me dio la vida sabe a detalle lo que hago con el idiota que me acuesto. Hace unos veinte minutos que estoy despierta, la pereza se apodera de mi cuerpo y no tengo ganas de levantarme, aunque estoy comenzando a sentir un poco de hambre. —¡Buen día! —Entra Bren con una bandeja entre sus manos—. Te traje el desayuno, es hora de tu medicina. Ah, esto estaba en el buzón para ti. ¿Aún hay quienes dejan cartas? Si ella está confundida, yo más. Ya bebiendo mi licuado, tomo el sobrecito entre mis manos y lo observo de un lado y del otro, no tiene nada escrito por fuera. Esto es extraño,

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