Prólogo.
La vida no siempre es lo que queremos, de hecho la mayoría de las veces debemos conformarnos con lo que nos toca vivir.
Jada muchas veces quiso ser parte de algún club en la preparatoria, quizá en las porristas, pero su apariencia no ayudaba mucho, era muy hermosa, incluso mas que la líder del grupo y ese era su principal obstáculo; luego quiso entrar al grupo de arte y ahí había un chico que le gustaba y la hacía temblar de nervios solo verlo, pobre Jada, se preguntaba ¿qué haría si tuviera que interpretar algún personaje a su lado? Si a lo anterior le sumábamos que era de lo mas tímida y el cerebrito de la clase tendríamos entonces una chica rara, rara y preciosa; eso era Jada, 1.60 de estatura a duras penas, la genética fue benevolente con ella ya que poseía un cuerpo digno de revistas y era capaz de devorar una pizza completa y una soda grande solo para la comida y aún así no subía ni un gramo, luego estaba su rostro, impecable, pulcro y angelical; boca mediana acercándose mas a pequeña en realidad, pero con labios carnosos y tan rojos, pareciera que siempre los llevara pintados, su dentadura era tan perfecta, blanca y alineada, cuando sonreía iluminaba con ella toda la estancia.
Mientras que para otros es un poco mas sencilla la tarea de vivir, en la abundancia los pesares son menos y aunque no deja de sufrirse la vida, al menos no se hace tan notoria, así al menos lo ha sido para Adam, quien a sus 32 años ha contado solo algunas amargas experiencias, de las cuales ha salido sin mayor apuro.