CINCO.

1072 Palabras
—Te equivocas, nunca has dejado de importarme Jada, y te prometo que esta vez no habrá mas, ayer fue la última vez que tomé. Jada se cruzó de brazos y se dirigió a la cocina, le intrigaba saber qué habría pasado para que su padre tomara una decisión así, pero no le cuestionaría nada, en el fondo no quería ser víctima de sus falsas promesas nuevamente. Preparó el desayuno y mientras servía los platos vio venir a Evan, quien la saludó con su ya nada nuevo beso en los labios y su padre solo les sonrío. —Evan —dijo Bruce con total seriedad —se que adoras a Jada, y se también que no necesito pedírtelo, pero quiero hacerlo, cuida de mi hija siempre —le dijo con notoria emotividad. Ambos jóvenes voltearon a mirarse y luego a él, quien los miraba con tranquilidad. —Siempre estoy con ella, siempre la cuido y en efecto no tienes ni que pedirlo, pero ya que lo haces ¿puedo saber el motivo? —Solo que me estoy volviendo viejo —respondió y volvió la mirada al plato, dio un bocado mas y se levantó de la silla para ir a su habitación y dejar a los chicos un poco descolocados. —Creo que tu padre tuvo pesadillas —dijo entre risas Evan y Jada no pudo evitar soltar una carcajada, sin embargo no se quedó tranquila y luego de desayunar fue a ver a su padre. —¿Estás bien? —le preguntó al mirarlo afeitado y limpio, le hacía ver 20 años mas joven el estar sin la barba espesa que normalmente cubría parte de su rostro, también se deshizo del bigote y se peinó. —Sí hija, todo bien. Lo miraba incrédula, muchas veces había dicho que dejaría de tomar, pero nunca antes hubo una acción así de extraña que secundara las palabras, Jada se acercó a su padre y lo besó en la mejilla, lo abrazó fuerte y se despidió, hoy solo tenía un examen importante pero ninguna clase y el resto del día estaría en el café con Luis. Ambos subieron al auto y salieron al campus de la universidad, Evan aún tenía un par de clases este día y Jada solo un examen, dos mas y estaría libre para trabajar a tiempo completo con Luis, mientras encontraba algún puesto bueno en su área formativa. —No creo que nos veamos hoy, voy a estar con Cris —se justificó su amigo. —No te preocupes, yo se, cuídate y nos llamamos. —Éxito en tu examen, aunque no lo necesitas te deseo suerte, preciosa. —Gracias. Se despidieron y cada uno fue a su salón, Jada llegó a su lugar y tomó asiento, aunque no tenía una estrecha relación con nadie, sí era una chica a quien todos trataban bien y la respetaban, se había hecho un sitio a base de trabajo y esfuerzo; al entrar la profesora todos se posicionaron en su butaca, sabían las indicaciones de solo goma y lápiz sobre la mesa y enseguida lo hicieron, y antes de que comenzara a entregar los exámenes se dirigió a Jada. —Señorita Jhonson, la esperan en la oficina principal. La miró intrigada y no entendía el motivo, en toda su vida jamás fue llamada ni con el consejero, menos aún a la oficina del director de la carrera. —¿Puedo ir luego de mi examen? —No, es ahora, Jhonson, el director te espera ya. Ni ella ni sus compañeros daban crédito a las palabras y a la actitud de la profesora Roberts, se mostraba altiva y pedante; la chica salió un poco aturdida y a prisa cruzó el gran patio para ir a la oficina central, subió los escalones corriendo y se topó de frente con la recepcionista del director. —Hola… buen día —titubeó al hablar —el director me mandó a llamar. —Claro —respondió amablemente la señorita —pase, ya la espera. Frotó sus manos contra sus viejos jeans una vez mas y suspiró hondo para darse valor, tomó la manija y jaló de ella, dentro, un hombre calvo de unos 60 años le sonreía. —Adelante, señorita Jhonson, tome asiento por favor. Ella obedeció guardando silencio y tomó la silla frente al director. —La profesora Roberts ha sido una pieza fundamental en la formación de cientos de estudiantes, señorita, ha visto pasar por estas aulas generaciones completas de mercadólogos, economistas y expertos en finanzas. Si bien ella sabía perfecto que la profesora Roberts era todo eso y mas, no sabía porque le estaba diciendo todo esto el director, lo miraba mover los labios pero de pronto no sabía ya que mas le dijo, perdió la atención en él y solo lo miraba. —…por lo tanto —volvió a escucharle decir —la profesora Roberts se ha permitido recomendarla a usted para que ocupe su puesto frente a sus grupos… —¿Qué dice? —respondió totalmente incrédula ante lo que había dicho. —Que la profesora Roberts tiene que irse a otra ciudad por cuestiones familiares, y ha dicho que la mejor persona para cubrir ese puesto es usted. —¿Yo? Señor director, no me lo tome a mal, pero yo no he presentado todos mis exámenes siquiera, tengo 22 años ¿cómo se supone que tenga las certificaciones necesarias para impartir clases? —Bueno, sus exámenes han sido aprobados desde ya, los faltantes la exentaron con nota sobresaliente, usted ha demostrado mucho en su estancia aquí y sobre las certificaciones, pues no serán problema ya que está cursando su maestría, haber adelantado cursos en su situación y todos haber tenido sobresalientes no lo hace cualquiera, con sus notas y las referencias de la universidad bastan ¿qué dice? No podía creerlo, apenas hoy por la mañana estaba segura que perdería su casa, y ahora el camino se mostraba libre para ella ¿qué podía decir? Solo había una respuesta posible. —Digo que sí —y lo dijo con toda la alegría posible, pensó que entraría a trabajar a alguna empresa como recepcionista y con suerte iría escalando hasta ser una reconocida ejecutiva de mercado y economía y ahora esto —por supuesto que acepto. —Muy bien, entonces le pediré que cuanto antes traiga los documentos que le indicarán en la recepción para tener todo listo y pueda iniciar después del verano
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