TREINTA Y DOS.

2509 Palabras

Al escuchar la intensidad de sus gemidos le tapo la boca, le volvía loco oírla, pero en ese sitio podrían dar mucho de que hablar y no quería eso. —Shhhh —le dijo al oído —No quieres que nos echen los guardias ¿o sí? Negó con la cabeza y se dejó arrastrar por el calor del momento, Adam la volteó contra la pared y con su boca le dio el mas grande de los placeres, su lengua viajaba con decisión de un sitio a otro provocando en Jada un sinfín de sensaciones, pero todas buenas, luego sintió una mordida en una de sus nalgas y después unas cuantas palmadas fuertes, al principio le asustó, pensó que se pondría violento y forcejeó para liberarse de su agarre y lo hizo mas cuando él le tapó la boca, pero sus palabras al oído la tranquilizaron y le devolvieron el placer que por poco deja escapar.

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