Moira caminó lentamente por los pasillos de la mansión, los hombres lobos que se cruzaban en su camino evitaban mirarla directamente a los ojos, conscientes del dolor que cargaba en su interior. La joven no solía ser alguien triste, siempre había irradiado alegría y energía, pero el rechazo de su alfa había cambiado todo. Viktor le había roto el corazón. Finalmente llegó frente a la puerta del despacho del señor Sergei, el líder de la manada. Sus nudillos temblaban ligeramente mientras tocaba suavemente la madera, pidiendo permiso para entrar. Una voz grave y autoritaria respondió desde el interior, indicándole que podía pasar. Moira inhaló profundamente, tratando de reunir la fuerza necesaria para enfrentar esta situación. Abrió la puerta y se encontró con el señor Sergei, un hombre alt

