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Encrucijada del Destino

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Descripción

Cristopher Koch, un dedicado doctor de la época antigua pierde a su amada esposa. Cegado por el dolor decide hacer un pacto con el demonio para traerla de vuelta a la vida. Su esposa abre los ojos una vez más, sin embargo, la diosa de la luna decide castigarlo por traspasar las leyes y límites universales. Somete a Cristopher a vagar por la eternidad sin poder morir y enlaza el alma de Moreira a otro hombre. Siglos después, Moreira reencarna, ya no es Moreira, ahora es Moira Crimson, una desafortunada chica que queda huérfana a la edad de catorce años.

Moira Crimson, una simple humana que fue adoptada por la familia Ivanov el día en que sus padres murieron. A la edad de catorce años llegó a vivir con los Ivanov, los cuales pertenecen a la manada "Luz de luna" liderada por los Smirnov, una familia de fuertes alfas dominantes. Moira vivía bajo sus reglas, sin embargo, jamás se sintió parte de aquella manada. Ella no era un licántropo, por lo que todos la trataban como a una intrusa y con notable desprecio.

Todo empeoró el día en que se descubrió que era la pareja destinada de Viktor Smirnov, el futuro líder de la manada, quién la usó y humilló para luego romper frente a toda la manada el lazo que los unía. Moira era una joven fuerte y orgullosa, no estaba dispuesta a dejarse pisar por la manada, así que decidió huir sin saber que cargaba un bebé en su vientre, ni mucho menos que Cristopher Koch aparecería en su vida, dispuesto a recuperar a la mujer que por siglos esperó. Moira sería suya, así tuviera que destruir la manada "luz de luna" para conseguirlo.

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Prólogo
Cristopher, lloraba amargamente con el cuerpo sin vida de su esposa entre sus brazos. Sus gimoteos lastimeros retumbaban en aquella vieja habitación, sintiéndose a cada segundo un poco más culpable por aquel trágico desenlace. ¿Cómo no pudo percatarse antes? La salud de Moreira empeoraba cada día mientras que él buscaba salvar la vida de otros, descuidando la de su propia esposa. Era el único doctor del pueblo, por lo que su trabajo era arduo, salía temprano en la mañana regresando a casa por la noche. Su esposa jamás mencionó que se sentía mal, discimuló sus dolencias hasta que los dolores se tornaron insoportables, fue cuando se dió cuenta, demasiado tarde, que una extraña enfermedad la atacaba. Intentó de todo con tal de salvarla, por Dios que si lo hizo, más nada pareció funcionar. Sin poder resignarse y con el cuerpo sin vida aún entre sus fuertes brazos, caminó hasta el hermoso jardín de girasoles que adornaba la parte trasera de su propiedad. Jardín que por cierto, Moreira cuidó con tanto esmero. Depositó el cuerpo sin vida de su esposa sobre una manta que horas antes había acomodado en el piso. Con manos temblorosas acarició sus frías mejillas, mientras admiraba una vez más la belleza de la mujer que amó, ama y amara por el resto de su maldita vida. Los rebeldes rizos color chocolate de Moreira se desplegaban indomables sobre el piso, su piel blanca se veía azulada por la falta de vida, sus ojos verdes yacían cerrados y sus abultados labios carmín se encontraban rígidos y pálidos. Cristopher Koch, gritó, bramó, gimoteó y lloró con todas sus fuerzas, descargando de ese modo el tremendo dolor que recorría todo su sistema. No podía aceptar su partida, no podía bajar los brazos en ese momento, necesitaba tomar medidas desesperadas para una situación cómo la que estaba enfrentando. Acarició una última vez la mejilla de su esposa y totalmente decidido se adentró en su tétrica casa. Dirigió sus cansados pasos hasta la biblioteca, donde tenía tres grandes estantes, la mayoría con libros basados en investigaciones médicas. En ese momento solo centró su búsqueda en un libro que nada tenía que ver con la medicina. Al encontrar lo que buscaba esbozó una temblorosa sonrisa, "pacto con Lucifer." Se sentó en la polvorienta silla mecedora que estaba junto a la ventana y comenzó a hojear el libro, tratando de encontrar en esas amarillentas páginas la solución para su trágico problema. "Traer de vuelta a un ser amado a la vida." Aquél título capturó su total atención, pasó sus dedos por aquellas letras acariciando estás con movimientos temblorosos. Nada perdía con intentarlo. ¿Qué podía salir mal? ¿Qué podía perder? Ya había perdido a la persona que amaba, perder la vida en el intento solo era un detalle que no le preocupaba en lo absoluto. Ese día lo dedicó a preparar el ritual, siguiendo al pie de la letra cada una de las instrucciones ahí descritas, solo tenía una oportunidad y no podía existir margen de error, su eficiencia era fundamental para traer a Moreira de vuelta. Cuando la noche finalmente cayó, Cristopher tenía todo listo. Terminó de acomodar el cuerpo de su esposa dentro del pentágono que dibujó con sangre de cordero y encendió los sirios que el padre Tomson le consagró. Dejando sus miedos e inseguridades de lado se adentró dentro del pentágono, posicionándose a un lado del cuerpo de Moreira. Esbozó una sonrisa cargada de dolor y la tristeza comenzaba a ser mella en él, por lo que decidido abrió el libro en la página que con anterioridad marcó, comenzando a recitar la invocación con voz fuerte y clara. Los minutos transcurrieron y nada pasó, solo estaba él y los grillos que emitían un estresante sonido. Resopló molesto, sintiéndose imbécil por creer en algo como eso, era simplemente pura fantasía. Cuando estaba a punto de patear los sirios, una espesa niebla que emergió desde el suelo comenzó a envolverlo. De pronto el ambiente comenzó a sentirse frío y tétrico a pesar de estar en verano. La silueta de un hombre se alzó frente a él, era un hombre alto, muy alto, de apariencia imponente y una presencia gélida y terrorífica. No podía ver su rostro, todo él era como una sombra, pero lo que más logró impactarlo fueron los grandes cuernos que se alzaban poderosos en su cabeza. Sintió miedo, un miedo abrasador que se filtraba en su sistema dejándolo completamente paralizado en su sitio. Aquel sobrenatural que estaba frente a él se movió impaciente alrededor del círculo de sangre que encerraba el pentágono. Christopher honestamente no sabía qué hacer, o cómo actuar frente a esto, estaba perplejo en su sitio. —¿Para qué me has llamado sucio mortal? —la voz cavernosa de aquella criatura le erizó la piel. —Quiero ofrecer mi alma a cambio de que resucites a mi esposa y nos permitas vivir felices hasta que alcancemos la edad adulta, quiero envejecer a su lado. —Recordó lo que había leído en el libro y trato de mantenerse firme y seguro frente al demonio. —El deseo que me pides sobrepasa todas las leyes universales establecidas por un ente superior. Puedo concederte tu deseo, pero el precio a pagar será mucho más alto que solo entregarme tu alma... Además sucio mortal, tu alma no tiene nada que llame mi atención, no hay nada de especial en ti que me obligue a cumplir tu deseo. —La voz de aquella criatura taladraba los tímpanos del hombre. —Estoy dispuesto a pagar cualquier precio con tal de estar con ella una vez más... —Sus ojos color caoba se empañaron con las lágrimas que amenazaban con salir en cualquier momento. —Entonces te explicaré las cláusulas del pacto. —Una sonrisa siniestra se reflejó en el oscuro rostro de la criatura. —No es necesario... —quería terminar con todo eso cuanto antes, simplemente deseaba que aquella horripilante criatura desapareciera de su vista y poder tener a Moreira una vez más entre sus brazos. —La ignorancia puede llegar a ser nuestra peor enemiga. —Dicho esto la criatura desapareció frente a sus ojos. Cristopher, entre asustado y desconcertado por todo lo que había sucedido giró rápidamente para ver a Moreira aún tendida en el piso. No supo cómo sentirse al respecto, pero aún con la esperanza latente en su pecho se acercó al cuerpo de su esposa, notando con gran desilusión que no respiraba. Todo había sido en vano... De pronto los ojos de Moreira se abren, tan vacíos, opacos y sin vida. La mujer con movimientos torpes se sienta en el piso y observa con confusión a Cristopher, quien retrocede un par de pasos ante el asombro. Moreira se veía diferente, más pálida, mucho más demacrada, sus ojos verdes cambiaron por un rojo intenso y un par de colmillos sobresalientes se apreciaban fuera de sus pálidos labios. Al acercarse, Cristopher notó que ella no respiraba y su corazón no latía, ¿qué estaba pasando? ¿Qué significaba todo esto? Pero el ataque de su esposa no le dio tiempo a pensar y a encontrar una respuesta a sus incógnitas. Los afilados colmillos de Moreira traspasaron la piel de su cuello. Intentó apartarla, pero la mujer era mucho más fuerte que él y podía notar cómo está comenzaba a succionar su sangre, arrebatando su vida en cada una de sus succiones. Comenzaba a ver borroso y la conciencia quería abandonarlo, pero antes de que eso pasara pudo ver el cuerpo inerte de Moreira caer al piso. Hilos de sangre, de su sangre escurrían por la comisura de los labios de su amada esposa, pero ella ya no se movía. Entró en una especie de letargo sin poder moverse, sus músculos no respondían y sus extremidades parecían haberse desconectado de su cerebro, ya que no cumplían con las órdenes que éste le daba. Una cálida luz lo envolvió de pies a cabeza haciéndole sentir cómodo y protegido. Christopher abrió sus ojos con bastante pereza y enfocó la mirada en la hermosa mujer frente a él. Era una mujer hermosa. La más hermosa que jamás haya visto, su cabello largo y albino cubría su desnudez, toda ella estaba envuelta en una potente luz plata y cuando veía sus ojos parecías estar viendo a la misma luna. ¿Acaso estaba muerto? —Has roto las reglas del universo Cristopher. Todo tiene un ciclo en este mundo y nadie puede romperlo, pero tú has sido egoísta y decidiste romper con el equilibrio natural al tratar de revivir a tu esposa. Eso que segundos antes estaba consumiendo tu sangre con desesperación no es tu esposa, solo es un cascarón vacío y por ese motivo hoy serás castigado. —La aterciopelada voz de la mujer en ese momento le provocó escalofríos. —Serás condenado a vagar por la eternidad y deberás alimentarte de la vida de otros, estarás condenado a perder una y otra vez a la mujer que amas porque en este momento yo enlazo su alma a otro hombre. Una vez más aquella abrazadora luz lo envolvió, sentía como drenaba hasta la última gota de su energía y en ese instante su corazón dejó de latir, pero él aún estaba con vida. Antes de perder completamente la conciencia por el agotamiento experimentado, lo último que vio fue el rostro de Moreira y la dulce sonrisa que siempre le dedicaba. Posteriormente, todo se tornó en oscuridad absoluta para él...

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