Moira, sentada frente al ordenador en su pequeña y claustrofóbica habitación leía con gran desilusión el correo electrónico que le enviaron de la universidad. "Felicitaciones señorita Moira Crimson, ha sido seleccionada para formar parte de nuestra prestigiosa universidad por su desempeño académico. El área de medicina en nuestro campus es uno de los mejores a nivel nacional y formamos médicos capaces y comprometidos. ¡Felicidades! Su puntaje de admisión no alcanzó para una beca con todo pago como usted solicitó pero le cubrirá un cuarenta por ciento de gastos por matrícula, mensualidades y alojamiento. Esperamos recibirla pronto en nuestras oficinas para hacer válida la matrícula."
Apagó el ordenador sin siquiera dignarse a responder el mensaje. ¿Para qué quería una maldita beca que solo cubriera el cuarenta por ciento del arancel? ¿De dónde demonios sacaría el otro sesenta por ciento para costear el año académico? Sintió sus ojos escocer y se esforzó por no llorar, no deseaba mostrarse derrotada tan rápido, su padre solía decir que las esperanzas era lo último que se pierde y ella quería mantenerse fiel a aquella enseñanza.
Pensar en sus padres le provocó una gran tristeza, el tiempo era cruel y pasaba deprisa. Parecía que fue ayer cuando ellos murieron, sin embargo ya han pasado tres años desde ese fatídico momento. Ella era originaria de una familia humilde, su padre era chofer de la familia Ivanov y su madre la ama de llaves de la gran casa. Los ivanov eran licántropos y pertenecían a la poderosa manada "Luz de Luna."
Cuándo sus padres fallecieron, ambos fueron atropellados por un maldito enfermo que conducía a toda velocidad en estado de ebriedad. Ellos murieron al instante, dejándola completamente sola en un mundo tan tosco y hostil. Los Ivanov conmovidos por tan tráfico desenlace decidieron brindarle un "hogar" para que no terminara confinada en un hogar de menores.
Sabía que debía de estar agradecida, los señores Ivanov sin tener ninguna obligación la aceptaron en su casa, pero durante estos tres años le tocó ser la sirvienta sin sueldo de la casa y de la manada. Todos la tratan con desprecio por ser una simple humana y su única salida era obtener la beca con todo pago, de ese modo podría irse lejos, establecerse en otra ciudad y estudiar medicina.
Podría buscar un empleo de verano, reunir el dinero que necesitaba, sin embargo, no puede descuidar los quehaceres de la casa. Sasha, la señora del hogar es demasiado estricta con la limpieza y comida. Desde que la aceptó en su hogar despidió a todas las personas que se encargaban de la limpieza y comida, delegando todas esas tareas a ella sola.
A causa de sus exigencias tuvo que abandonar la escuela y estudiar en línea para no retrasarse con sus estudios. Sin importar qué, lograría convertirse en neurocirujana y procuraría ser la mejor de todas. Escuchó el motor de un automóvil por lo que rápidamente se levantó de su silla, limpió sus lágrimas con el dorso de su delicada mano y se encaminó a la cocina a toda prisa.
Si Sasha o su estúpida hija, Viveka, se daban cuenta que no estaba preparando la cena, comenzarían a hacer problemas. En ese momento no se sentía de humor para tolerar sus estupideces. Al abrirse la puerta pudo vislumbrar la imponente figura de Viktor Smirnov, futuro alfa líder de la manada. De solo verlo su corazón se aceleró y sus piernas temblaron. Desde que llegó a la manada se sintió cautivada por aquel chico, fue como una especie de conexión casi mágica, el problema, que el sentimiento no era recíproco.
Viktor era un chico alto, aproximadamente un metro con ochenta centímetros, anatomía trabajada, los músculos de sus brazos se marcaban a través de la camiseta blanca que llevaba puesta en ese momento. Su cabello oscuro y ondulado le daba un toque salvaje, resaltando aún más sus hermosos ojos ámbar. Cada vez que sonreía se marcaban dos hoyuelos al costado de sus bronceadas mejillas y sin lugar a dudas, tenía la sonrisa más hermosa del mundo, al menos para Moira lo era.
La sonrisa boba que Moira le dedicó al chico se desvaneció en el instante que Viveka apareció. Viveka era una chica hermosa, alta y estilizada, su largo y ondulado cabello rubio enmarcaba su angelical rostro. Sus intensos ojos ámbar combinaban con la tonalidad de su cabello haciéndola la lucir mucho más hermosa de lo que de por sí era. La rubia se colgó del brazo de Viktor y en ese momento Moira la odió. La odió por tener todo lo que ella no podía, la odió aún más por capturar la total atención de Viktor.
—¿Qué haces ahí parada, niña estúpida? —La voz autoritaria de Sasha logró estremecerla.
—Buenas tardes señora, estaba a punto de hacer la cena. —Su voz salió bajita y temblorosa.
—Esta noche cenaran con nosotros los Smirnov, por lo tanto quiero que prepares algo a la altura del evento y que todo esté deslumbrante para cuando ellos lleguen. —La rubia mayor se cruzó de brazos.
—¡Claro, señora Sasha! —Exclamó con fingido entusiasmo.
—Prepara unos refrescos para mi prometido y para mí. Que sea ahora. —Viveka se metió en la conversación para hacerse notar. Moira volteó a verla, sus ojos verdes mostraban desprecio absoluto.
—Lo lamento Viveka, estoy bastante atareada con la cena, podrías tú misma preparar algo para tu prometido. —Arrojó mordaz logrando que la rubia se irrite notoriamente.
—¡Ya dejen de pelear niñas! Moira, ve y prepara algo para los chicos y luego comienza con los preparativos de la cena. —La mujer le dedicó una mirada severa a la chica para luego irse a su recámara. Necesitaba estar radiante para la noche.
Viktor fijó su mirada en Moira, recorriendola de pies a cabeza. A pesar de ser solo una simple humana era una chica bastante atractiva, su cabello castaño chocolate, liso, sedoso con ese corte bob que le hacía ver tan sensual, ese flequillo que marcaba su redondeado rostro y sus rasgos eran tan lindos, tan exóticos, sin mencionar que sus curvas eran de infarto, lamentablemente escondía toda la belleza de su anatomía tras aquella ropa vieja y dos tallas más grande, aún así, era hermosa.
Moira notó la mirada del alfa sobre ella e inmediatamente se ruborizó. Correspondió a la mirada para luego sonreír tontamente, sin lugar a dudas el alfa la traía de cabeza.
—Ya vete a la cocina, humana estúpida. —Viveka chasqueo los dedos frente al rostro sonrojado de la chica.
—Ahora voy, por cierto, ¿qué quieren tomar? —Agachó la cabeza avergonzada.
—No me apetece nada Moira, puedes ir a hacer tus cosas tranquila. —Viktor habló con su varonil tono de voz para luego dedicarle a la chica una radiante sonrisa.
—Tampoco quiero nada. —Agregó rápidamente Viveka.
Moira aprovechó el momento para escabullirse en la cocina e iniciar con los preparativos de la cena. Mientras murmuraba incoherencias entre dientes aliñaba la carne para luego llevarla al horno. Se sentía cansada de aquella familia, de la vida que le tocó llevar en estos últimos tres años y de su maldita mala suerte. De solo pensar en que le rechazaron la beca le volvían a entrar unas inmensas ganas de llorar.
Sintió pasos tras de ella, por lo que rápidamente limpió sus ojos. Era demasiado orgullosa como para llorar frente a alguien más, no estaba dispuesta a mostrarse completamente derrotada frente a la familia Ivanov. Ella les demostraría que era capaz y les haría tragarse las palabras despectivas e hirientes hacia ella.
—Escúchame bien Moira, los Smirnov llegarán dentro de poco. Todo tiene que salir perfecto, de eso depende que Viveka se comprometa con Viktor. —Sasha se acercó sigilosa a la chica, que a su lado se veía frágil y pequeña.
—Todo saldrá bien señora... —Sasha era una mujer imponente y Moira le tenía bastante miedo. La mujer cuando se endurecía se transformaba en un maldito monstruo.
—Hay un favor que deseo pedirte, el hermano gemelo de Viktor vendrá también y necesito que lo entretengas, ya sabés, complace todas sus necesidades. Es joven y se encuentra bastante estresado por la admisión a la universidad, necesita un poco de cariño hasta que la diosa de la luna le designe a su pareja destinada.
Moira no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Como aquella mujer tenía el descaro de pedirle semejante basura? ¿Acaso debía acostarse con el hermano gemelo del hombre que amaba para que ella quedará bien frente a esa familia? ¿Acaso estaba loca?
—¿Lo harás, verdad? —Le retorció el brazo con saña.
—Señora... —Se quejó por el doloroso agarre.
—Si no lo haces Moira, entonces ve empacando tus porquerías y te largas de mi casa. No quiero zorras mal agradecidas viviendo bajo mi mismo techo. —Le retorció un poco más el brazo.
Moira chilló bajito, se retorció bajo el agarre de Sasha con la finalidad de liberarse, pero la fuerza de ella era por lejos superior a la suya. ¿Qué debía hacer? No tenía a dónde ir, sus padres jamás lograron tener una casa propia, cuando ellos vivían arrendaban y honestamente no tenía cómo costear un arriendo. Desde que estaba en casa de los Ivanov jamás recibió un solo centavo por sus servicios, por lo que en este momento se sentía acorralada entre la espada y la pared. ¿Qué debía hacer?