Había transcurrido mucho rato desde que Eiron y Altair reaccionaron a los sentimientos, estaban emocionados y en medio de de tanto sentir se olvidaron del lugar donde estaban, o por lo menos de que afuera pudiera haber alguien al pendiente de ellos. —Eiron —escucharon la voz de Ingrid. Para ese momento Eiron ya estaba de nuevo en la silla de ruedas, aceptó que no estaba tan bien como hubiera querido, no externamente porque interna y emocionalmente se estaba sintiendo como nunca antes, en su mejor vida, una que no había vivido y que Altair con esa confesión hizo renacer dentro de él. El deseo de recuperarse y luchar por lo que sabe de sobra siempre ha sido suyo, lo tiene motivado. Dándose cuenta que Ingrid no se había dado cuenta que Altair había reaccionado, él le hizo seña para que ce

