—Como acaba de escuchar señora Rangel —le dijo Eiron sin ninguna intención de titubear mucho menos de ceder ni un mínimo de espacio. Pese a estar limitado en sus movimientos por la operación a la que recientemente fue sometido días atrás, se sentía fuerte, tan renovado que estaba dispuesto a enfrentar a quien fuera con tal de conservar a su lado a la mujer que acababa de hacer suya a los ojos del mundo, porque ella lo era desde tiempo atrás. —Altair y yo acabamos de contraer matrimonio a los ojos de la iglesia y su ley —le aclaró Eiron en un tono de voz firme. —Esto tiene que ser una mentira —adujo Iliang en total negación—. Dime que este hombre está bromeando —le pidió a Altair mirándola en total negación. Altair pese a sentirse nerviosa por la experiencia que le estaba tocando vivir

