Un toque de rebeldía

1730 Palabras
 [Santiago ] Otra larga y aburrida reunión de esas donde se habla de esas propuestas a futuro, donde los ejecutivos han hecho sus ofertas y yo solo pienso en que tan bien o mal he hecho en contratar a Sky como mi guardaespaldas.  ― Eso es todo por hoy.― Dice uno de los ejecutivos  y después de saludarlos a todos cordialmente, salgo de la sala de juntas para encontrarme con mi nueva guardaespaldas parada en una esquina del solitario pasillo con sus auriculares puestos y moviendo sus hombros al ritmo de lo que escucha. Nuestras miradas se cruzan, pero ella no se quita los cascos, simplemente me espera mientras sigue moviéndose y cuando llegó frente a ella, le quitó uno de los cascos bajo su aniquilante mirada y me lo coloco. ― ¿Enrique Iglesias?― Cuestiono y ella silba al ritmo de la canción. ― I like how it feels, oh, oh , oh....― Canta y le miró fijamente. ― Creo que estás en el lugar equivocado baby, aquí no es un club para que estés bailando.― Le digo devolviéndole el casco. ― It's my time, it's my life, I can do what I want.―Sigue cantando de manera burlona y niego. ― ¿Vamos?― Cuestiono intentando no caer en sus benditas provocaciones y se sonríe. Ella toma su móvil, pausa la música y se quita los cascos ―Vamos Torreluna.― Dice de manera borde. No digo ni una sola palabra con la única intención de no iniciar una guerra en plena oficina, pero he de admitir que es muy difícil dada su actitud de chica rebelde que todo le importa un carajo. ― ¿Entonces? ¿Eres fan de Iglesias?― Pregunto evitando decir su nombre porque por algún motivo esto me jode y mucho, pero definitivamente no es por motivos personales. ― ¿De cuál de los dos? ¿El padre o el hijo?― Me pregunta de manera divertida mientras mira a su alrededor cuando vamos saliendo al aparcamiento del edificio. ―Del abuelo.― Bromeo. ―Al abuelo no lo he conocido, además era ginecólogo, nadie de quien deba ser fan eh...― Me dice entre risas y por algún motivo creo que este será el único tema del que podremos bromear. ―Seré mas especifico baby.―Digo enfatizando esa palabra y puedo ver su cara transformándose de inmediato mientras cierra su puño y agradezco ser su jefe, porque de otra manera tendría grabados en mi rostro todos sus anillos. ―¿Eres fan de Enrique Iglesias?― Vuelvo a preguntar mientras que ella me quita las llaves de mi auto de la mano. ―¡¿Qué haces?!― Le reclamo cuando abre la puerta y se sube del lado del conductor. ―Conduciré yo, darling.― Dice con un perfecto acento británico que me provoca escuchar bajo otras circunstancias. Respiro profundo, intento relajarme aunque sea un poco y subo al auto del lado del pasajero. Para mi sorpresa, ella conecta su móvil al estéreo de mi auto y por arte de magia comienza a sonar "El baño" a todo volumen haciendo que le mire. ―¿De verdad?― Cuestiono algo frustrado. Ella me mira, encoge sus hombros y me sonríe ―Espero que esto responda a tu pregunta, acaso ¿te molesta? ― Me pregunta a modo de reto y niego. ― Por ti me descontrolo, discúlpame mi amor, por esta invitación.― Canto a la par de la canción. ―Ya quisieras invitar a una chica al baño para algo así.― Me dice desafiante. - Pruébame, baby, no sabes de lo que estás hablando.― Le desafío y  sonríe. ―¿Has visto a mi novio? ¿Crees que tienes algo que él no?― Me pregunta y soy yo quien sonríe triunfal ahora. ― Ya veremos, de seguro no es bueno en todo... Ahora, si no te molesta baby, debemos ir a almorzar y luego a esta dirección.― Le digo mostrándole la dirección en la pantalla de mi móvil. ― Está bien Darling ― me contesta sin decirme más y comienza a manejar cantando el repertorio completo de Enrique Iglesias a todo pulmón. Debo admitir que no canta mal, pero no tengo humor para escucharla todo el día así que apago la radio molesto. ― ¿Ahora quién es el amargado? Darling ― y se concentra en el camino. Unos momentos después llegamos al restaurante de Pedro, un amigo que siempre tiene una mesa libre para mí. Me bajo del auto y ella hace lo mismo de su lado, ese escote vuelve a captar mi mirada y simplemente me hago a la idea de que seré yo quien tendrá que controlarse y no ella quien tiene que abotonarse. Entramos al lugar y Pedro me ve de lejos y nos recibe de inmediato. ―¡Santiago ! Amigo, qué milagro verte por aquí ―me abraza feliz y luego Sky capta su mirada. ― Buenas Pedro Mora a tu servicio―  Le dice. Sky sonríe pero no hace más y luego se aleja de nosotros para irse a sentar en uno de los taburetes frente la barra ― ¿Nueva novia? La otra era más amable ― me dice. ― Jefa de seguridad ― respondo. ― ¿Para la seguridad de quién? ― y se ríe ― Tío, esa chica está buenísima, ¿seguro que sólo te cuida de día? Creo que Sky escuchó algo porque inmediatamente voltea a verme con esas ojos los cuáles aún no defino su color, captan mi atención de inmediato ― Créeme, es suficiente con que me cuide de día, dudo que por la noche sea tan complaciente como lo es de día. ―Pues si le tienes miedo a la noche amigo, yo con mucho gusto compruebo si lo es ―y vuelve a reírse. ―El problema es que ella tiene un gran problema. Mide 2 metros y es experto en artes marciales. Si yo fuera tú, mejor guardo tu hombría en el pantalón y no la sacó de ahí. ― ¡Uy! Entonces tú también estás advertido ¿cierto?― y yo sólo me río. ― Sí y no solo por su novio, ella también puede meterme una paliza que ni te cuento, pero mejor tráeme el menú del día que llevo algo de prisa, ¿si?― Le pido entre risas y él asiente. ― Vale, regreso enseguida.― Me dice y una vez que Pedro se aleja, le hago una seña a Sky para que se acerque a la mesa y ella sin mucho entusiasmo se acerca. ― ¿Sí?― Cuestiona mientras lleva una de sus manos a su cintura. ― ¿Por qué no te sientas y almuerzas conmigo baby?― Le propongo y allí está nuevamente ese gesto de rabia que tanto me gusta, creo que nunca me había gustado tanto ver a una mujer enfadada como a ella. ― Porque no soy tu novia darling, mejor pídele a tu noviecita que se siente contigo a almorzar y te cuente cómo le fue en el salón de belleza.― Me dice de manera sarcástica e intenta irse. ― Sky.― Digo y se da la vuelta. ―Lo haría, pero cómo puedes darte cuenta, no tengo novia y tampoco me van las que se la pasan todo el día en el salón de belleza. Ella se sonríe y se vuelve a acercar a mi ― I knew it! Eres gay ― asegura ―¿Gay? ¿Qué te hace pensar que soy gay?―pregunto sorprendido. ― Contratas seguridad, no tienes novia y además nunca te ven en ningún sitio con ninguna mujer, ¿quieres más? De inmediato me pongo de pie y sin que ella se lo espere, le tomó de la cintura ―¿Sabes porque nunca me ven con ninguna mujer en ningún sitio?― Le cuestiono en un susurro y ella tan solo arquea sus cejas de manera desafiante sin inmutarse ante nuestra cercanía ― Te lo diré baby.― Digo bajito y me acerco a su oído. «Joder que huele exquisito.... Ya Santiago » ―Porque nunca salimos de mi habitación baby, no sabes lo mucho que disfrutan conmigo en la cama. ―No lo creo, te creo que no salgan de la habitación pero no por lo bueno que eres en la cama , posiblemente se quedan dormidas porque las aburres tanto que prefieren quedarse así― responde. ― Cuando quieras lo compruebas baby, ya veremos si con tu noviecito eres capaz de gritar tanto.― Rebato de inmediato y sin que ella se lo espere, plantó un beso en su cuello para luego soltarla. Ella baja su mano rápidamente y con el puño cerrado me da un golpe en el abdomen que me quita el aire de inmediato y me obliga a sentarme en la silla de nuevo. ―Para que te vuelvas a atrever a besarme.― Me dice y se da la media vuelta para regresar a la barra dejándome aquí con ganas de domarla a punta de besos. Después de recuperar el aliento, me dispongo a comer, algo ligero porque después del golpe ya no me quedó espacio para más. Ella se pone a platicar con el cantinero y me sorprende ver lo buena que es socializando y riéndose con otros ¿Qué tiene el cantinero que no tenga yo? Termino de comer y me levanto ―Baby, es hora de irnos ― le digo en voz alta y ella voltea de inmediato y me ve como si quisiera matarme. ―Vamos.― Dice y se despide del cantinero para luego seguir mis pasos. ―¿Y dónde es que vamos ahora?― Pregunta cuándo ya vamos llegando al auto. ― Tengo un evento en unos días, necesito la ropa adecuada y tu también.― Explico ―Ella me sigue de mala gana mientras esbozo una sonrisa de triunfo que espero no se vaya en el resto del día riéndome por dentro. ― ¡¿Qué?! !No! !Yo no necesito que nadie me regale ropa!― Se queja. ― No acepto un "no" como respuesta y para que no me grites durante el camino, te dejaré que escuches a tu Enrique Iglesias, ahora anda vamos.― Sentencio y con esto espero ganar la batalla aunque sea por diez minutos. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR