El primer día de trabajo

1780 Palabras
12  de abril [Sky] Aquí estoy llegando a mi primer día de trabajo de jefe de seguridad de Santiago  Torreluna, Dios, nunca pensé que todo mi entrenamiento y el esfuerzo que he puesto me llevaría a esto. Lo digo de mala gana porque mi objetivo no era ser guardaespaldas de nadie ni lidiar con novias locas y mucho menos con el "Soltero más codiciado de España" lo único que buscaba era alejarme de esa vida de niña bien que me esperaba al ser la única hija del embajador Henry Hayes, Duque de Northampton, y ahora estoy metida en este embrollo. Las ventajas es que será un trabajo fácil y la paga es muy buena, las desventajas es que será increíblemente aburrido y tedioso. Como me esperaba, la casa donde vive Santiago  está ubicada en una de las mejores zonas de Madrid y es muy elegante, moderna e inmensa. ― ¿Puedo ayudarle?― Me pregunta un hombre que supongo que es de seguridad de la casa  y de inmediato me quito el ligero abrigo que llevaba puesto arriba de mi cazadora de imitación de cuero.  ―Sí, trabajo con Santiago  Torreluna, vengo a verlo.― Explico y cómo era de esperarse, el hombre me mira con dudas. ― ¿Nombre?― Cuestiona. ―Sky Hayes.― Respondo de inmediato y se sonríe levemente. ―Permítame un momento.― Indica y de inmediato levanta el teléfono y llama a Santiago  para decirle que estoy aquí. ―Adelante por favor, el señor Torreluna ya dio indicaciones de que le incluyera en la lista de visitas autorizadas.― Me explica. ―Gracias.― Respondo  y sigo con mi camino mientras pienso que realmente no me he librado de los protocolos que solía vivir durante mi estancia en la embajada. El guardia me indica la entrada  y una vez en la puerta, golpeo. Mientras espero, respiro profundamente para empezar a hacerme a la idea de que tendré que estar pegada a Santiago Torreluna  durante gran parte del día.  «Vamos Sky, respira, todo es por la paga» me repito mentalmente, toco la puerta y unos minutos después Santiago  me abre la puerta y me sonríe.  ―Adelante― y yo entro de mala gana. Santiago  está vestido con un pantalón gris y con el torso descubierto, sobre su hombro trae una camisa de color blanco.  ― Me estaba arreglando, lo siento― Se disculpa y yo comienzo a observar su casa ― ¿No tienes calor? ― me pregunta al ver mi cazadora y el abrigo que tengo puestos.  ―Al parecer tú si―  Digo mientras me abrocho el botón de mi camisa que deja expuesto parte de mi sujetador color n***o. ―Mi casa  es cálida como puedes notar ¿gustas un poco de zumo de naranja? - me ofrece mientras va a la cocina a servirse un vaso aun semi desnudo presumiendo las horas de gimnasio que lleva a cuestas, pero que obviamente no se comparan a las de Max. Cierro la puerta ya que él no lo ha hecho y espero inmóvil aún a pocos pasos de la entrada. Observo mi alrededor y debo admitir que la decoración es de un gusto increíble espacios amplios, muebles de lujo, paredes con tonalidades que combinan perfectamente con todo, cuadros que parecieran ser sacados de un museo, y pienso que al menos no es la típica casa de un rico presumido y soltero que llegue a imaginar, aunque ¿es soltero? ¿o tiene pareja? ¿Y si es así? ¿Tendré que cuidarla a ella también? ¿O a él? ¿Y si Santiago  es gay?  «¡Ya Sky!» Me regaño. ―Pero ponte cómoda mujer.― Me dice a lo lejos obteniendo mi atención nuevamente. ―¿Me podrías decir al menos cuál es tu plan del día?―  Le pregunto sin dejar que empiece una conversación casual. ―¿Podrías relajarte un minuto? ―contesta ― ¿Siempre eres así?  ― ¿Así? ¿Cómo? ― y él se acerca a mí con el vaso de zumo en una mano y la camiseta colgando de un hombro. Le da un sorbo al jugo y me ve ―Así de.... No sé cómo decirlo ¿amargada?  ―¿Crees que soy amargada? ― Le pregunto y él sonríe. ― No era la palabra que buscaba, pero...  ― ¿Y tú siempre eres así? ― Respondo. ― ¿Así cómo?  ― Insoportable ― y empieza a toser ya que el zumo hizo de las suyas en su garganta. Él se acerca a mí casi pegando nuestros cuerpos ― ¿Crees que soy insoportable de verdad? Me habían dicho muchos adjetivos en mi vida, pero este es nuevo. Lo empujo ligeramente con mis manos sobre su pecho para alejarlo de mí ― Pues nunca es tarde para agregar un nuevo adjetivo a tu lista, insoportable es el mío, disfrútalo. ― Si eso quieres baby, entonces comencemos con nuestro día laboral.― Responde de manera sarcástica. Esta vez soy yo quien se acerca a él y le sujeto la muñeca lo suficientemente fuerte para que se queje del dolor ―No vuelvas a llamarme baby ¿has entendido?― Le amenazó y por alguna estúpida razón me da una media sonrisa que me dan ganas de borrarle. ― He escuchado más esa palabra que tu nombre, lo siento, se me ha pegado.― Habla en un tono burlón y aquí estoy yo queriendo matar a quien se supone debo cuidar. ―Sólo porque le has escuchado a mi novio llamarme así, no te da derecho a que tu lo hagas.― Contesto irritada.  ― Si que eres brava eh ... pero me gusta, es justo esto lo que necesito para mantener a quien sea a raya, ¿entonces? ¿vamos? Tengo una reunión en una hora.― Me dice como si nada y le suelto ― ¿Qué? ¿Acaso me estabas probando?― Cuestiono indignada y  sonríe. ― No pretendía que me lastimaras la muñeca, pero si.―Alude y se da la media vuelta para colocarse la camisa―solo espero que no hayas lastimado ningún ligamento, con esta mano es con la que firmo los contratos y cierro los negocios.― Indica y tan solo puedo respirar profundo para no ir y golpearle la cara tal y como si fuese una bolsa de entrenamiento. Momentos después, que para mí fueron eternos porque el señor es más vanidoso que nada, por fin logramos salir del piso para dirigirnos a la famosa reunión que él tiene. Aún no me ha dado su agenda, ni me ha dicho nada más y simplemente me voltea a ver mientras se protege los ojos bajo sus gafas de sol. Él cree que no lo noto pero sé que está analizando cada parte de mi ser. Y a pesar de su actitud insoportable y de que cree que sabe todo, sé que puedo llegar a divertirme un rato volviéndole loco. Me muevo un poco haciendo que mi camisa se abra nuevamente y vea mi sujetador, él de inmediato clava su mirada provocando que el café que trae entre las manos caiga un poco sobre su pantalón y se queme. ― ¡Mierda! ― dice y yo sólo puedo reírme. ― Si no sabes tomar café en el auto no deberías traerlo ¿sabes? ― le comento y él sólo voltea a verme y me sonríe pero esta vez un poco molesto. ― No es algo que me pase todo el tiempo ― responde ― simplemente que, bueno... ― Te distrajiste por un momento ¿no? ¿Fue mi blusa? ¿el color? O ¿lo que está debajo de ella? ― Pregunto como si nada. ― No deberías traer la blusa así, te puedes broncear más de lo debido ― contesta evadiendo mis preguntas y esquivando la mirada hacia otro lado del automóvil. ― Además, se supone que tu debes cuidarme a mí y no yo a ti, hay mucho loco suelto por la calle.― Dice recordándome a mi padre y no puedo mas que reírme. ― ¿Defenderme? ¿Tú? ― y río levemente ― ¿Crees que necesito que me defiendas? Aparte, no eres mi padre, ni mi hermano, ni mucho menos mi novio, eres mi jefe y es mejor que mantengas las distancias. ― Yo sólo lo decía por tu bien, no quiero que empieces a faltar al trabajo por culpa de tus pechos, digo, tu blusa― corrige y puedo ver como el color rojo sube por sus mejillas.  ― No te preocupes, mis pechos y yo estaremos cumpliendo con el trabajo sin problema, ahora ¿podrías mostrarme tu agenda? No pienso estar como perro faldero detrás de tí esperando órdenes. Santiago  me ignora y simplemente voltea a la ventana― No se supone que tú eres mi asistente y tú deberías traerla ya. ― Y si no me la das, ¿como la tendré?― Me quejo. ― No sé ―contesta sin darme más explicaciones― y por el amor de Dios ciérrate esa camisa me distrae. ― No me la cerraré hasta que me des tu agenda. Es más tendrás que soportarme así ―y desabrocho otro botón más provocando que ésta se abra― Espero te guste el encaje n***o porque lo verás mucho este día. ― ¿Sabes qué  ver tus pechos no parece ser tan mal plan para mi  no?  ― Ahora no, pero qué tal en una junta, yo sentada enfrente de ti, la gente discutiendo sobre negocios  y el pobre Santiago  distraído, podrías firmar cualquier contrato sin mirar por mi culpa. Él me mira y yo río por dentro al ver su cara llena de dudas―¿Sabes que?― Dice y resopla―¡Mierda!― Se queja y toma su móvil ―Aquí tienes mi agenda, ahora, cierra esa maldita camisa antes de que me arrepienta. ― Muchas gracias jefe.― Digo de manera sarcástica al escuchar el beep en mi móvil y cierro los botones de mi camisa, pero no lo suficiente por lo que se mantiene un poco abierta, este definitivamente no es mi estilo ― Por si las dudas ― le digo y él simplemente voltea el rostro y me ignora. Creo que al final de cuentas trabajar con Santiago  no será tan aburrido como yo pensaba, en un solo viaje de auto he descubierto varias de sus debilidades y creo que yo podré aprovecharme de esto. ― Quiero que en la junta te comportes ¿vale? ― me dice tranquilo. ― Sí jefe, mi blusa y yo nos comportamos. No te preocupes ―  Respondo divertida y él sonríe. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR