Fue difícil acostumbrarse a aquello, día y noche había alguien acompañándola, David se oponía enérgicamente a dejarla a solas demasiado tiempo, así que se organizo con Fausto y Sofía para hacerla de guardianes. La idea comenzaba a parecerle ridícula, hacía tres días que no volvía a a suceder, sin embargo su pequeño gato no dejaba de mirarla, siguiéndola a todas partes, se sentaba sobre sus patas traseras y no despegaba la mirada de ella. - Duvalin, vete a dormir, me has seguido por tres días enteros, ve a tomar el sol, anda! El minino simplemente bostezaba y la miraba, parecía entender la situación, aunque Noe se sintiera como alguien atrapado. Cuando fue el turno de Fausto, salieron a caminar, fueron hacia un sitio casi abandonado, subirían una gran cuesta y tomarían un descanso en un

