Cada día que pasaba era más bullicioso que el anterior, afuera todos celebraban las festividades religiosas, mientras que ellos lo hacían por pura tradición. Tanto Ana como Noe aprendieron más temprano que tarde que todo fácilmente era una farsa, no creada por alguna deidad celosa, sino por hombres que deseaban usar su religión para encubrir sus propias ambiciones. Era demasiada casualidad que toda la fe en el país estaba basada en el sometimiento, pues mientras más humillante sea la plegaria más escuchada sería. Ana aparentaba haber superado esa parte, pues su hija pertenecía estaba en medio de una profecía que desacreditaba fácilmente los mismos cimientos de aquella religión, ella vivía cada día sabiendo lo que estaba debajo de todo aquello, siendo aplastado por las bases de una enorme

