Noe miraba por la ventana, mientras sin notarlo su mano seguía acariciando su cabello y lo mantenía caliente y mojado, estaba distraída y recordando momentos tristes, en aquellas situaciones no podía evitar pensar en las cosas malas. Una mano grande y caliente le tomó su mano ya fría y húmeda, bajándola al agua cálida. Noe salió de su ensoñación, lo giró un poco para mirarlo bien, él mantenía sus ojos cerrados, los apretaba un poco. - Déjame mirarte, estuviste muy delicado hace unos minutos, necesito asegurarme de que estas bien. Su voz sonaba ronca y llorosa. - Siento que he perdido el derecho a que me mires, no soy digno de ti ni de tus cuidados. - No digas estupideces o me veras realmente cabreada. ¿Crees que algo tan tonto como el plan de esa estúpida me hará arrojarte como basura

