Sus pies rosaban levemente el agua, permitiéndose únicamente acercarse hasta ahí, a sólo unos metros de distancia aquella niña lo miraba, te conozco, parecía decirle. Se bebió de su imagen, pequeña y delgada, sólo unos centímetros más alta que Jacinta, pero más esbelta, parecía frágil, de no ser por sus mejillas sonrosadas y su mirada brillante, innumerables pecas cubrían su rostro, cuello, pecho y brazos, llenándolo caprichosamente y haciéndola verse aún más pálida. Pudo notar también los incontables lunares que la adornaban, dándole un aspecto infantil a la vez que maduro. Ella giró sobre sus talones para verlo de frente, el viento mecía perezosamente sus cabellos, rizados y esponjosos por la humedad del lago, llegando hasta media espalda. Ella le sonríe, en una invitación a presenta

