Esa noche, Noe y David no pudieron dormir, permanecieron observando a sus bebés, quienes dormían plácidamente en su enorme cuna. Hablaron un tiempo tan largo, que la madrugada los sorprendió, ambos sentados en el piso al pie de la cama. Noe seguía viendo el rostro de aquella mujer, tan parecida a ella y con sus gestos tan similares a los suyos. Sin duda se trataba de Alejandra, su hija. Se acercó a ella y sostuvo su regordeta manita, era tan pequeña y tan indefensa. El destino estaba siendo irónico con ellos, modificando sus vidas a cada paso y decisión que tomaban. David llegó hasta ella, un consuelo silencioso ante una situación que ambos padecían. Noe se alejó, terminando de empacar sus pertenencias. La noche fue larga y tormentosa, estaba segura de que en esa casa, subiendo la coli

