Para Noe todo aquello era una ridiculez, estaba casi segura de que ninguna de esas personas que ahora peleaban por un poco de su atención conocía siquiera el aspecto de David, le provocaba enfado y asco aquellas actitudes. Llegaron al mausoleo familiar en el cementerio libanés, uno de los más antiguos de la ciudad, donde descansaban los restos de la familia. Se encontraron mirando una vasta pared llena de urnas con restos incinerados. Noe vio sorprendida todos los personajes que él había necesitado interpretar a lo largo de los más de trescientos años que vivió. Siendo una lápida de mármol blanco puro, sin vetas ni imperfecciones, lo único que llenaba el espacio vacío del mausoleo. Noe gritaba internamente la injusticia, preguntándose por qué tenía que morir uno de ellos forzosamente, d

