El cobertizo es sellado, nada ni nadie perturbará el descanso de la muchacha. El tiempo comienza a pasar a una velocidad extraña, Íñigo de pronto nota que han pasado diez años y él vive como un hombre viudo sin ánimos de volver a conocer el amor, todos en la finca notan que el joven señor, conforme pasan los años, posee cada vez más energía física, él se había involucrado de lleno en los trabajos de los obreros, adquiriendo destreza y habilidades que no tenía, así como una piel más bronceada. En la hacienda, sólo la señora Matilde y Joaquín conocían el secreto del joven señor, pues a menudo los tres compartían el rato, acompañados del alcohol, Íñigo descubrió con ellos que el alcohol lo afectaba muy poco, así que no encontró ahí su consuelo. Sin embargo, los ratos que pasaba con ellos, e

