Luego de la muerte del anciano, todos en la hacienda respetaron nueve días de luto, en memoria del último sacerdote de una especie que no conocía paralelos en la historia, en el pueblo todos lo conocían, pero repentinamente nadie recordaba su nombre. A los pies del viejo sauce se puso una lápida con una leyenda, recordando el lugar donde él había perecido. “A quien yace en el corazón de la tierra.” Jacinta pasó varios días sin poder comer nada, sólo las bebidas se mantenían en su estómago. Ella comentó que estaba pasando por una etapa de limpieza espiritual. Todos en la hacienda estaban siendo testigos de que algo extraño le ocurría a la muchacha, pues sus actividades dejaron de ser las mismas, más por necesidad que por elección. Los momentos que pasaba al sol eran menos frecuentes pues

