Ibiza era tan distinta a Grecia,pero sin duda alguna me quedaría en Grecia toda la vida. El hotel era grande y muy lujoso, creo que en muchos años no reuniría para pagar este viaje. Quería sacar algunas fotografías pero ¡Claro! No tenía mi teléfono porque el psicópata maniático del Griego lo aventó por la ventanilla del auto. Esperábamos en el lobby mientras que los de seguridad miraban las habitaciones. Al fondo del lobby había un chico rubio de traje que no dejaba de mirarme. Hasta ahora solo yo me di cuenta, sabía que en lo que Cicero lo notara se armaría una grande. Un momento más tarde, Cicero me llevo al bar, él hablaba con varias personas en una mesa alejada de mí, mientras que Amur tomaba una Margarita y contaba algunas historias sobre desfiles organizados por él. Que extraña me

