Después de esa comida con Ander y Fabio, pasaron dos días antes de ir a casa de abuelo, en mi cabeza planeaba conversaciones con ellos, pero en todas salía lastimada. Esta mañana de viernes aclararía todo. Asi que desperté y tome una ducha, tome un pantalón ancho y mi camiseta ancha. La barriga comienza a crecer y se notaba, así que lo mejor era vestir ropa ancha. También me cambiaría mi cabello , así que salí con más ánimo que nunca. En la puerta estaba Héctor esperándome y Almena, que había sido una bendición en estos tiempos, tomé el té que me ofreció y salimos. No podía continuar así. -Hector ¿Qué sabes de el? – Este me miro por el retrovisor – Quiero saber de él ¿Le puedes decir algo cuando llame? – La cara de mi guardaespaldas era de sorpresa – Se qué hablas con él, así que dile : q

