La elección

1000 Palabras
Después de la partida de Desmond, Rachel se sumió en la soledad. La cabaña junto al mar se volvió un eco vacío de risas y palabras compartidas. que susurraban y se reían de su pena interna. Las olas seguían susurrando secretos, pero ahora parecían burlarse de su dolor. Una noche, mientras miraba el horizonte, Rachel sintió un vértigo inexplicable. El mundo giró, y cuando recuperó la conciencia, estaba en un lugar desconocido. Las paredes eran blancas, y una enfermera la miraba con preocupación. _ ¿Dónde estoy? _ preguntó Rachel confundida. La enfermera sonrió. _ Estás en el hospital. Te encontraron desorientada en la playa. ¿Recuerdas tu nombre? _ le preguntó, a lo que Rachel solo la miró y frunció el ceño. _ Rachel, sí. Pero… ¿dónde está Desmond? _ La enfermera pareció confundida ante su pregunta. _ No hay ningún paciente Desmond registrado aquí. ¿Estás segura de que no te golpeaste la cabeza? _ exclamó. Rachel se tocó la frente. _ No, no fue eso. Desmond era mi esposo. Vivíamos en una cabaña junto al mar. _ le indicó. La enfermera anotó algo en su libreta. _ Quizás fue un sueño. A veces, la mente juega trucos. Descansa, Rachel. Estás a salvo. Pero Rachel no podía descansar. Cada noche, cerraba los ojos y veía a Desmond escribiendo sus poemas, su risa resonando en la brisa marina. Pero no había fotos, ni cartas, ni recuerdos tangibles. Solo un vacío en su corazón. Pasaron semanas, y Rachel fue dada de alta. Regresó a la cabaña, pero todo estaba diferente. Las rosas azules habían perdido su brillo, y el jardín parecía abandonado. Rachel se sentó en el banco bajo el árbol antiguo y lloró incansablemente. Un día, mientras caminaba por la playa sin rumbo alguno, encontró una concha marina. La sostuvo en sus manos y sintió una conexión inexplicable. La concha parecía susurrarle: _ Recuerda. Rachel cerró los ojos y se dejó llevar. Vio imágenes fragmentadas: un caballero medieval, una curandera en la antigua Grecia, un pintor en el Renacimiento. Y en cada escena, Desmond estaba allí, mirándola con amor. _ ¿Qué eres? _ murmuró Rachel. La concha respondió en su mente: _ Soy la memoria ancestral. Guardo los hilos que tejen vidas pasadas. Desmond perdió sus recuerdos, pero tú aún puedes encontrarlos. _ Rachel se aferró a la concha. _ ¿Cómo? _ preguntó esperando la respuesta. La concha la guió hacia una puerta oculta en el bosque. Rachel la cruzó y se encontró en un espacio blanco, similar al que había visto antes. La Guardiana del Tiempo nuevamente, apareció frente a ella. _ Rachel _ dijo la Guardiana _ Desmond eligió olvidar para protegerte. Pero tú puedes recordar. La elección es tuya. _ Rachel miró alrededor. _ ¿Qué debo hacer? _ preguntó. La Guardiana sonrió. _ Encuentra las piezas perdidas. Viaja a través de las puertas y despierta los recuerdos. Solo así podrás recuperar a Desmond. Y así, Rachel comenzó su búsqueda. Atravesó puertas con símbolos de llaves, estrellas, corazones y espadas. Cada mundo la llevaba a una vida pasada, a momentos compartidos con Desmond. Y en cada recuerdo, dejaba una rosa azul como testigo. Rachel se adentró en los mundos a través de las puertas. Cada vez que cruzaba, su corazón latía con anticipación. En el mundo medieval, ella era una dama de la corte, y Desmond, un caballero valiente. En la antigua Grecia, ella curaba heridas y él pintaba frescos en los templos. En el Renacimiento, compartían secretos en los jardines de Florencia. En cada vida, dejaba una rosa azul en el jardín de rosas. Las flores crecían, entrelazando sus destinos. Pero Desmond seguía siendo un enigma. ¿Por qué había perdido sus recuerdos? ¿Qué oscuro secreto lo había llevado a esa elección? Una noche, en un mundo victoriano, Rachel encontró una carta en la cabaña. La tinta estaba desgastada, los papeles rotos, pero las palabras eran claras: _ Querida Rachel, Si estás leyendo esto, significa que he perdido mis recuerdos. No sé por qué, pero siento que es necesario. Mi amor por ti sigue intacto, pero temo que nuestros encuentros pasados hayan dejado cicatrices en mi alma. No quiero que sufras por mi culpa. tampoco quiero forzarte a hacerlo, Siempre te encontraré, incluso si no recuerdo. Sigue plantando las rosas azules. Ellas son nuestro hilo dorado a través del tiempo. Con amor eterno, Desmond" Rachel lloró al leer la carta. Su corazón dolía con rudeza, Desmond había sacrificado sus recuerdos por ella, para salvarla. Pero ahora, ella tenía una misión: despertar su memoria. Cada rosa azul era una promesa, una esperanza. En el último mundo, Rachel encontró una puerta diferente. El símbolo era una llave rota. Al cruzarla, se encontró en una habitación blanca. Desmond estaba allí, sentado en un banco, mirando al infinito. _ Desmond _ susurró Rachel. _ Él la miró, sus ojos ahora parecían tristes. _ ¿Quién eres? _ preguntó confundido Rachel tomó su mano. _ Soy Rachel. Nos hemos amado a lo largo de los siglos. No importa si no recuerdas, yo te ayudaré a hacerlo, porque nuestro amor es real. _ Desmond frunció el ceño. _ ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué perdí mis recuerdos? _ le exclamó. Rachel le mostró las rosas azules que había traído consigo. _ Estas flores son nuestra historia. Cada una representa un momento compartido. Si eliges recordar, las puertas se abrirán de nuevo. Desmond tomó una rosa y la sostuvo en su mano. _ ¿Qué debo hacer? _ le preguntó. Rachel sonrió. _ Cierra los ojos y escucha tu corazón. Nuestro amor es más fuerte que el tiempo. Desmond cerró los ojos, y las imágenes comenzaron a fluir. Los caballeros, las curanderas, los pintores. Los besos robados, las risas compartidas. Y en cada recuerdo, Rachel estaba allí, su faro en la oscuridad. Cuando Desmond abrió los ojos, las puertas se abrieron. El enigma se desveló. Él la abrazó. _ Rachel, siempre te encontraré. _ le susurró.
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