No dormí. No porque no quisiera, sino porque cada pensamiento de Abby seguía mordiéndome por dentro. Sus frases tenían esa cualidad quirúrgica de quedarse justo donde dolían. Y yo, en mi infinita patología emocional, las repetía mentalmente como si fueran una playlist autodestructiva. Él no me quiere como tú crees. PERO te vio con Chris y no hizo nada. Si quisiera, ya se habría movido. Una belleza de afirmaciones: todas ciertas, todas perfectamente diseñadas para hundirse debajo de mi piel como un tatuaje permanente. Así que amanecí con cero paciencia, cero filtro y cero intención de soportar un día familiar. Pero no tenía alternativa, porque había llegado el día. El sábado era importante: Luce y Michael iban a reunir a toda la familia para dar algunas noticias, y yo tenía que ir d

