Perfecto. Porque si algo necesitaba en ese momento era una pelea social. Justo lo que le faltaba a la noche para convertirse en un desastre completo. ¿Ya ven por qué no me gusta salir? Me quedé quieta. No porque quisiera enfrentarlas, sino porque estaba demasiado cansada para huir. Y porque sabía que si retrocedía, me seguirían. La gente así nunca se detiene cuando huele vulnerabilidad. No hay nada que atraiga mas a un bully que una presa debil. Lo que no saben es que de debil, no tengo un pelo. Cuando estuvieron a un metro, la morena habló primero: —¿Ya terminaste? —preguntó con una sonrisa que pretendía ser amable, pero tenía filo. —¿De qué? —respondí sin esfuerzo, sin inclinación por la diplomacia. —De jugar a ser protagonista —intervino la rubia, con los ojos rojos por el alc

