El pasillo era más largo de lo que recordaba. O tal vez era que caminarlo con Abby del brazo hacía que todo se sintiera más incómodo, más expuesto, más… incorrecto. No porque hubiera algo malo con Abby —no lo había—, sino porque en el fondo, en lo más primitivo y poco elegante de mí, yo estaba pensando una sola cosa: Ojalá hubiera sido Francesca. Ojalá me hubiera tocado entrar con ella. Solo un minuto de su brazo. Un minuto con su perfume, su tensión, su forma particular de no querer tocar a nadie pero igual hacerlo sin darse cuenta. Un minuto en el que hubiera podido sostenerla antes de que se pusiera la máscara que siempre usa cuando está en público. En vez de eso, llevaba a Abby. Abby que todavia estaba un poco molesta conmigo y, aun asi hablaba demasiado, sonreía demasiado y hací

