Sus tetas no eran grandes, pero las devoraba sin contención alguna. Ese coño que nadie había tomado, me hizo prenderme como un maldito obsesionado. Lo tenía todo en ese momento. El cuerpo que nadie había descubierto, los besos que nadie había probado, los labios que nadie tenía, los gemidos que nadie conocía, el orgasmo que nadie había disfrutado. La figura de ella aparecía en mi mente y yo no me controlo. Deslizo mi mano sobre mi v***a, una y otra vez hasta correrme. Cuando tuvo su orgasmo, me alejé, ni siquiera me corrí yo. Huí como un maldito cobarde al que se había dejado ganar por placer y no había sido capaz de mantener su control. A estas alturas me preguntas y te aseguro que no me arrepiento, que esa primera vez de ella la vuelvo a tener yo. Sin embargo, el pasado pesa. Ningún c

