Tanto Alonso como Franco lucían imponentes frente a esa pequeña mujer de bonitas facciones poniéndola nerviosa como jamás lo estuvo en su vida, ambos pares de ojos observándola solo la hicieron temblar, Livia trago saliva tratando de disimular su gran sorpresa mientras rápidamente obligo a sus piernas a obedecer llevándola al escritorio depositando los documentos en el mismo. __Aquí están los documentos, están tal cual los solicito, ¿necesita algo más? Dijo sin siquiera voltear a ver a ninguno bajando la mirada por la vergüenza que sentía. __No, eso es todo señorita Ortiz, puede retirarse. __Con su permiso. Dijo asintiendo y escapando de ahí lo más rápido posible mientras ambos hombres la vieron salir con la misma cara sonriente hasta que Livia despareció tras la puerta. En cuanto Li

