Kayano había soltado sus tentáculos atacando a ambos asesinos, Karma trataba de matarlos con golpes precisos pero ambos asesinos esquivaban sin dificultad los ataques de ambos demonios.
Mientras que Kanzaki, Asano e Itona rogaban a que Nagisa estuviese bien, buscaban la manera de exponer su pecho para encontrar la herida y tratar de salvarlo.
- ¡Nagisa! No mueras, me lo prometiste... - Kanzaki lloraba sin consuelo intentando romper las prendas del celeste con varios cuchillos
- ¡¿Creen qué podrá salvarse?! Morirá a manos de, ahora, los mejores asesinos a nivel mundial - gritó la mujer de ojos negros con sorna en su voz, el plateado sonrió y miro a su ex-maestro e hijo
- Ahora he podido quitarte tu nombre... Shinigami-sama - dijo en sorna y disparando al pelinegro y peliblanco
- ¡Calla Hiromi! - gritó la castaña con una daga en su mano - ¡Él era tu hijo! - volvió a gritar causando que la peliverde y el pelirrojo escucharán atentos a Kanzaki - i¿Por qué no lo dejaste en paz?! Obtuviste la fortuna de Akane-sama, no tenías porque matarlo - decía la chica entre lágrimas y soltando su sed de sangre
- Abuela... - susurro el celeste al mismo tiempo que Karma, el celeste sonrió con sadismo mientras ponía su mano en la herida, Kanzaki le miro sorprendida y con un rastro de esperanza y felicidad, pero... Todo se fue a la borda al ver sus ojos, esos ojos fríos y vacíos, sin algún sentimientos de culpa o agonía reflejada.
// Antes, en la mente de Nagisa //
Nagisa tomo el cuchillo que estaba al lado de su padre y pequeñas lágrimas comenzaron a caer en el liquido carmesí de sus rodillas, a lo lejos escucho el susurro de su madre y el de aquel joven de cabellos plateados y ojos dorados, joven que le recordaba a su hermano, Itona.
- Ya esta, ahora podremos vivir juntos como la pareja de asesinos multimillonarios, querido - dijo Hiromi con una sonrisa acercando su cuerpo al joven lleno de sangre.
- ¿Black Cat y Shinigami? No suena nada mal - dijo el hombre de nombre "Shinigami" besando a Hiromi con dulzura y lujuria - ¿Pero qué haremos con nuestros hijos?-pregunto después de separarse
- Itona es hijo de tu sangre, pero Nagisa es de la mía, de todas formas no nos podemos deshacer del hijo de "aquel" hombre, tiene una fortuna por Akane-sama... Y pensar que no se lo dio a su propio hijo... Bueno después del divorcio con su mujer yo tampoco lo haría... susurro mientras mordia su pulgar
- Pero podríamos matarlo, la fortuna pasaría directamente a nosotros - dijo el mayor caminando al lugar ne donde estaba anteriormente el celeste
-Si tienes razón cariño - dijo la mujer afirmando la idea de su pareja.
Nagisa salió del cuarto con recelo y camino con rapidez y silencio a la habitación de su hermano menor, le dijo en un pequeño susurro "Vete... Nosotros nos encontraremos algún día, en otro lugar", el pequeño sin entender mucho la situación fue con un hombre de cabellos grisáceos y lentes transparentes.
- Tanaka-san lleve a Itona con "ella" - ordenó Nagisa con dulzura, el hombre asintió e hizo una leve reverencia para después entrar al auto con Itona en la parte trasera y alejarse por las calles de la mansión.
- ¿jA dónde se lleva a mi hijo!? - gritó Shinigami con Hiromi detrás de él
- Nagisa ¿Qué es todo esto? - Hiromi tomo del brazo al celeste, y él sonrió, la mirada de la mujer se posó en las rodillas del vestido marino, que ahora, eran rojas/negras
Nagisa pateó levemente el vientre de su madre a lo cual se sorprendió y lo soltó, Nagisa aún con el vestido y sin zapatos, comenzó a correr, corrió hasta no poder más, y cayó en sus... "Rosas terciopelo"
Hiromi seguía buscándolo junto a Shinigami, ambos estaban exasperados, pero Nagisa solamente abrazaba una rosa, susurrando, llorando en silencio, con una pequeña sonrisa
Fue tomado bruscamente del brazo y metido a un auto con la misma rudeza. Un hombre de cabellos negros, ojos cobrizo rojo, mirada profunda y siniestra, Lovro.
- ¿¡Qué esta pasando!? - grito el pequeño celeste con terror
- Akane-sama fue asesinada, pronto sabrás todo, pero... Por ahora debemos ir... A otro lugar - respondía el mayor con dificultad, pues estaba conduciendo a una velocidad impresionante. Nagisa estaba algo alarmado, pero se detuvieron en un lugar lleno de cuerpos, ¿Cuánto tiempo se llevaron en todo el camino?, Nagisa estaba temblando, Lovro salió del auto y abrió la puerta para que Nagisa saliese. Pasaron unos cuantos minutos caminando, al rededor Nagisa sólo podía sentir el hedor de la sangre, cuerpos, muerte. Era un país de guerras y aflicciones
En sólo un parpadeo Lovro sacó su pistola y comenzó a disparar a dos sombras que les seguían, ambos corrieron y esquivaron las balas, emitiendo la misma acción que Lovro, era un fuego cruzado, Nagisa temblaba con terror, no sabía que hacer, no tenía idea de lo que estaba pasando, o que lo estaba ocasionando.
Su madre, Shinigami y Lovro estaban peleando a muerte, pero, por el mayor número de asesinos, Lovro fue asesinado. Nagisa al ver el cuerpo inerte a su lado dejo de llorar, escuchó un leve susurro de parte de Lovro y corrió con todas sus fuerzas, corrió y gateó hasta no poder más, escondiéndose cada vez que tenía la oportunidad, escapando de, lo que alguna vez, fue su familia.
Cayó rendido en una casa destruida, al lado de él había cuerpos inertes y llenos de sangre, en un ataque de locura los puso encima de él. Hiromi llegó a ese lugar y maldijo al no encontrarle
- No te preocupes - dijo el hombre de cabellos plateados - Morirá solo - continúo, ambos sonrieron con satisfacción y se fueron.
Nagisa al cabo de unos minutos, se quitó el cuerpo de encima y comenzó a llorar en silencio, se levantó con aceptación y comenzó a caminar. Camino hasta llegar a una ciudad, casi igual que la anterior, pero con menos muertos, o al menos, no en la parte en dónde él se encontraba.
Pasaron los años y Nagisa ya sabía de antemano como robar, atraer, entre otras cualidades, pero no sabía como asesinar, protegerse y curarse. Nagisa había experimentado lo que un niño jamás podría haber hecho, supo como se sentían las personas violadas, golpeadas sin compasión, sabía lo que se sentía perfectamente.
Un día como los demás, el niño había robado un poco de pan, había sido golpeado por ello, pero el lo había protegido, estaba comiendo "tranquilamente" cuando una chica de no más de 16 años se le acercó y estiro su mano.
- Te encuentras bien? - pregunto con su voz llena de dulzura, esperanza, cariño, preocupación.
Palabras que no había escuchado en mucho tiempo.