Lena El miércoles en la noche seguía estando caliente, era una mujer de 25 años, activa sexualmente desde los 18, no era una santa, aunque tampoco me consideraba una ramera. Iba a bares, discotecas, salir a disfrutar mi juventud y explorar mis demonios, conocer personas, chicos en su mayoría. Nunca tuve un interés por un hombre mayor, un hombre en todo el sentido de la palabra, no chicos que estaban más preocupados por su interés que por el mismo, por llegar ellos primeros. Alejandro era educado, exitoso, guapo, serie, inteligente. Su lengua sobre su labio se reproducía en mi cabeza como un disco rayado. Respire hondo, quería tener sexo, por horas. Nunca había tenido problemas para cumplir mis deseos carnales, solo me ponía un vestido corto, tacones y pintalabios, y podía tener al chico q

