Cuatro meses después... Adrián cerró la puerta detrás de él, sintiendo un suspiro de alivio escapar de sus labios. El día en la oficina había sido particularmente desafiante y no podía esperar a llegar a casa y relajarse con su familia. Mientras caminaba hacia la sala, vio a su pequeña princesa recostada en la alfombra, jugando con sus coloridos juguetes. Se quitó la chaqueta, dejando al descubierto su impecable camisa de vestir blanca debajo. Con una sonrisa en su rostro, Adrián se arremangó hasta los codos, se desabotonó los puños y se aplicó desinfectante para manos, priorizando la seguridad y la higiene antes de unirse a su hija. Con pasos suaves, se acercó a la alfombra y se sentó junto a la pequeña, mirándola con una mirada amorosa. Su hija lo miró con sus ojos azules, los pequeños

