Kenna se despertó con el olor de algo quemándose en el aire. Se frotó los ojos y se levantó despacio, aún somnolienta, y siguió el olor hasta la cocina. Al entrar en la cocina, sus ojos se toparon con una escena insólita: Adrián estaba de pie, con una servilleta en la mano, intentando quitarse de encima el humo que salía de una sartén sobre los fogones. — Adrián, ¿qué pasa? — preguntó Kenna, tosiendo porque el humo le irritaba las vías respiratorias. Adrián se giró rápidamente, sorprendido al ver a Kenna. Una sonrisa apagada apareció en su rostro mientras intentaba encontrar las palabras adecuadas. — Buenos días, Kenna. — dijo, aún agitando el humo. — Yo... intentaba prepararnos el desayuno. Kenna observó la escena un momento, fijándose en la olla, ahora casi negra, que había sobre el

