Heller y Argod llegaron al fin a las afueras de Délamir, después de varios días de intentos fallidos, debido al control extremo que Cox había impuesto. Desde que llegaron vieron una y otra vez, el anuncio de Cox en todas las pantallas que tenían dispuestos los ojos visores. Heller vio a un Cox y supo que tenían problemas. —Queridos ciudadanos, los saqueos se han incrementado, hemos decidido cerrar todas nuestras fronteras para evitar que cientos de delincuentes sigan invadiendo nuestras calles y nuestras casas. Por eso, pedimos que si ve algún No-id, se ponga en contacto con alguno de los ojos visores que patrullan las veinticuatro horas del día. Pero Heller no tenía otra opción que seguir con el plan. Argod lo retuvo. —Iré yo. Pasaré desapercibido –dijo Argod. Tenía la pierna como n

