CAPÍTULO VEINTICINCO Ceres no conocía la ruta por la que la llevaba el rebelde. Pasaba la mano por la piedra de las paredes, sintiendo su rareza. Aquella rareza, más que otra cosa, le decía el tiempo que había estado alejada de la rebelión. También lo hacía el hecho de que Anka era ahora el líder de la rebelión. Parecía demasiado para la antigua esclava mantenerse, porque parecía demasiado mantenerse por uno mismo para cualquiera. En los pasillos y escondites que los rebeldes habían forjado, Ceres veía más gente de la que podía creer. Había gente entrenando y trabajando, riendo y durmiendo. Había almacenes y talleres, salas y forjas… “¿Quién os dirige a todos ahora?” peguntó Ceres mientras caminaban. “¿Aparte de Anka?” respondió el rebelde. Ceres escuchó el respeto que había en ello. D

