CAPÍTULO VEINTISÉIS Sartes se movía con cautela por las calles de la ciudad una hora antes del amanecer. Con mucha atención fue como un rayo de la entrada a la boca del callejón, trepó por colchones de paja amontonados y se mezcló lo mejor que podía con las personas que estaban en las calles a pesar de lo temprano que era. Tratándose de Delos, había más de las que cabía esperar. No importaba que hubiera un ejército fuera de la ciudad; sus quehaceres debían continuar. Aquello significaba que los pescadores y los comerciantes se levantaban temprano para coger la marea en los muelles. Significaba que los negociantes y los vendedores de comida montaban sus puestos en las calles. Significaba que la gente de la noche volvían del trabajo que fuera que habían estado haciendo bajo la luz de las e

