Verla tan destrozada es algo que también me pulveriza, aunque mi consuelo es el saber que he logrado lo que Álvaro me ha pedido, separarla de Bruno en tanto Fernando y yo tratamos de dar con quien está detrás de todo esto. Sólo espero que no nos lleve demasiado tiempo, no quiero ganarme el odio de mi hija cuando se entere de todo, deseo que cuando llegue el día de confesarle la verdad pueda entenderme. Tomo su mano y presiono por un instante mientras conduzco, tras el enfrentamiento que ha tenido con Bruno ahora estamos adentrándonos al edificio donde vivo. —¡Buenas noches, señora! —me saluda Juvencio, el portero, acercándose a nosotras para cargar el pequeño par de maletas que traemos con las pertenencias de mi hija, pero no se lo permito puesto que él es demasiado mayor. —¡Buenas

