FENRIR Camino de un lado a otro sintiéndome desesperado, le he marcado decenas de veces y no responde. Me siento como un total idiota al siempre poner en peligro nuestra relación, debí decirle la verdad desde que volví. Vuelvo a marcar a su teléfono y ahora me envía directo al buzón de voz, o se le ha quedado sin batería o ella lo ha apagado deliberadamente, cualquiera que sea la razón, me desespero aún más. Veo la hora en el reloj de pared que se encuentra frente a mí, pasan de las siete de la noche, se suponía que sólo iría a desayunar con sus amigas que están de paso en Bahía. Tengo la ocurrencia de marcar al número de nuestro edificio, quizá ya haya llegado a casa. Mantengo una breve conversación con el portero quien corrobora que aún no ha llegado. Mi corazón tamborilea como un

