Capítulo 2: Frente al enemigo.

1763 Palabras
MAR DE LOS MUERTOS FRONTERA MARÍTIMA ENTRE CRAENIA Y ASMAX. Hace tiempo cuando aún bailaba entre las aguas de la niñez, su padre le dijo que para todos habría un momento de infinita indecisión, donde la vida pondría pruebas cada vez más difíciles, antes de finalmente brindar el sosiego de la victoria, entonces a estos guerreros ante ello solo tienen dos opciones, alzar la espada y luchar, o retroceder y correr, según su padre, cualquiera de las dos acciones son tan viables, estúpidas o inteligentes como podrían. «Todo estará bien, cálmate», susurró su loba con tranquilidad moviendo la cola, acostada en el suelo, Axe podía verla en alguna especie de prado llenos de flores, un oasis. El omega respiró hondo, intentando concentrarse en el hermoso pelaje blanco y los ojos azules de su parte animal, «Estoy contigo, sea vivir o morir, siempre juntos, ¿recuerdas?». Axe asintió, era algo real. En Asmax, una vez los cachorros alcanzan la edad de entre los doce y quince años, manifestando así la que sería su casta por lo que resta de vida, se trabaja en el contacto de los mismos con su lado más primitivo, hasta que existiera una conexión tan fuerte que actuarán como uno, incluso tomando un juramento de vida en el que lobo y humano se comprometen a siempre ver por el otro, o de lo contrario y hacer algo que ponga en peligro a la otra contraparte, moriría. Axe sabía que su loba nunca lo dejaría a la deriva, no obstante, el pobre intento de su lobar en calmar y hacer sentir su alma un poco más tranquila, solo lo llenaba de una incertidumbre arrolladora y tétrica si tiene en cuenta que hasta ahace horas, antes de cruzar el mar n***o y finalmente estar cerca de las aguas de Craenia, Igna estaba aún tan renuente como él a todo esto. Entonces, allí estaban, a nada de entrar en las tierras de Craenia, sabiendo que su mundo daría un giro de ciento ochenta grados para siempre, lo peor, es que no sabía qué tan positivos o negativos serían estos cambios. Axe estaba claro en que todo esto era un simple acuerdo político, una alianza forzada por el miedo y la incertidumbre, alimentada por la desesperación y una amenaza de guerra. Una estrategia pactada ante el aliciente de salir victoriosos en una contienda que no da pie al retroceso. Ni el reino de Craenia o Asmax querían semejante unión. Craenia y Asmax han sido enemigos por años, no se han alistado cañones o alzado las armas, tampoco desenvainado espadas, pero se sabe, se nota la tensión. Son dos naciones que se han llamado por más apelativos hirientes de los que se puedan recordar. Está ha sido una guerra silenciosa que ha avanzado décadas y no da augurios de querer terminar. Para Asmax, los del trono de rosas no son más que escoria, para Craenia, los del trono de oro no son más que bárbaros. Está es una enemistad que comenzó con la fractura de una gran hermandad y la muerte de dos lycans, e incluso si la verdad de tal suceso nunca ha sido gritada, tuvo el peso suficiente para distanciar a dos pueblos ya separados por el mar. Por años, Asmax estuvo abierto a nuevas inquilinos, siendo un pueblo de lycans, contrario a muchos reinos en la actualidad, se daban el lujo de no haber perdido el contacto con su parte animal, con sus lobos. Ellos se sentían orgullosos de tener ese lazo íntimo y ancestral otorgado por la diosa luna y el dios Fenrir, algo que para el reino de Craenia era una aberración, ya que según ellos, con las bestias venían los instintos y estos eran el camino a la decadencia. Axe recuerda que, la única vez que dejaron entrar a foráneos en sus tierras, fue como abrir las puertas del infierno y dejar entrar al mismísimo diablo. Axe no se engaña, ha conocido personas maravillosas en sus viajes a otros continentes, quizás entre los súbditos de Craenia las haya, pero su realeza es tan arcaica y cerrada, que se permite a sí mismo el lujo de dudar. No había marcha atrás, todo había Sido explicado detalladamente, ni siquiera los gritos de su madre o la disposición de su hermana, SeulGi, a tomar su lugar y peso en esta tregua, pudieron salvarlo de tal destino, el rey de Craenia fue preciso, «solo el hijo omega, para unirse en matrimonio con su hijo mayor, y alfa». Axe al saberlo lloró por días, sí que lo hizo, sin embargo, era una verdad absoluta, contraer matrimonio o muchos cuerpos sin vidas y ensangrentados sería el cuadro que lo perseguiría toda su vida. ⎯Estamos cerca, hemos entrado finalmente en sus dominios, pronto arribaremos⎯asintió al escuchar la voz de Cedric⎯Le recomiendo prepararse y respirar hondo, príncipe, lo necesitará—completó antes de alejarse, el príncipe se alejó del borde y caminó hacia el centro del barco. Los orbes aguamarina de Axe relucían, sutil maquillaje que solo resaltaba su belleza, el cabello n***o, largo y lacio suelto por todo su torso acentuando su silueta y rasgos, finos rasgos de piel blanca, labios pequeños y gruesos besados por el sutil labial, el delgado cuerpo envuelto en un sencillo quimono n***o de fina tela y unos pequeños dibujos en forma de dragón, con un cinturón de diamantes que cubría toda la cintura incrustados en la oscura tela acentuando sus caderas. Miró al cielo y cerró los ojos, entrelazando ambas manos en lo bajo de su vientre, devolviendo la mirada al frente, cada vez más cerca de su destino. El barco arribó a la orilla, las anclas fueron echadas y el tablón puesto para su entrada a tierras de Craenia. Axe tomó aire profundo a sus pulmones, su loba asintió y tomando eso como apoyo dio el primer paso seguido de sus guardias y damas de la corte. A cada paso sentía cada fibra de sí temblar al galope rápido de su corazón. Sentía el miedo roer y su cuerpo temblando, ganas no le faltaban para dar media vuelta y salir corriendo de allí sin mirar atrás, más no lo haría, no era un lujo que pueda darse. Así que controló su aroma evitando dejarse en evidencia, las lágrimas y las huidas, solo lo harían parecer débil. Los omegas de su reino son guerreros, fuertes lycans llenos de valor y él no sería menos, estaba frente al enemigo, casamiento o no, acuerdo político o no, estar alerta y listo para cualquier cosa era lo mínimo que podía hacer. ⎯Sea bienvenido a Craenia, príncipe omega de Asmax⎯saluda un señor con traje verde limón, porte elegante, ojos arrugados, piel blanca, aura altanera y bigote⎯Mi nombre es Abraham Poatta, he venido a recibirlo en nombre de la corona de Craenia. Axe lo observó de arriba hacia abajo, inhalando sutilmente el aire alrededor, «Uva», intentó captar algo más sin embargo no era necesario, Abraham era un beta. Axe sonrió con total hipocresía al sentir como su loba parecía interesada y ligeramente molesta, sus padres le habían enseñado desde muy pequeño que las visitas de carácter real deben ser recibidas por la corona y no por cualquiera en supuesta representación de la misma, por tanto, el hecho de que nadie de la monarquía de Craenia asistiera a recibirlo era una clara muestra de lo que le esperaba. Apretó las manos en puño, controlando su enojo, en otros instantes Axe habría dicho las palabras necesarias y demostrado su carácter, sin embargo, allí no lo llevaría a nada excepto dar veracidad del poco exacto pensamiento que tenían sobre Asmax y su gente. ⎯¿Qué puede ser tan importante para que los reyes no han asistido a mi recibimiento?⎯preguntó a lo que Abraham miró a los demás antes de darle una sonrisa. ⎯Asuntos importantes de la corona, mi señor. Sin embargo esperan por usted en palacio con la mejor disposición⎯Axe alzó una ceja mirando al hombre. ⎯¿Asuntos importantes?⎯el beta asintió⎯Quiere decir que mi llegada a Craenia no forma parte de esos “Asuntos importantes”, ¿Es así, señor Poatta?⎯Abraham pareció entrar en pánico y negó rápidamente, las damas y guardias mirándolo con diversión⎯Bien, llévame con su alteza. Abraham observó al príncipe omega con lo que se podría decir sorpresa y curiosidad. Desde que se dio a conocer sobre el acuerdo político no se hablaba de otra cosa en Craenia, en las calles todos veían el carruaje pasar, y en él un hermoso hombre de cabellos oscuros seguido de un séquito de mujeres y hombres, fuertes y expresión regias, así como de gran belleza. Todos tenían algo que decir al respecto, betas, alfas, omegas, murmullos que acompañaron el viaje hasta las puertas del gran castillo, dónde el príncipe omega ni siquiera reparó en la estructura, y se dedicó a seguir a Abraham. ⎯Mi rey, el príncipe omega de Asmax, Axe Noir, ha llegado⎯presentó Abraham, dejando a la vista de los monarcas al joven omega de piel pálida, quien dio un par de pasos acercándose al comienzo de las escaleras que daban al trono con mirada afilada. ⎯Axe Noir, príncipe omega y segundo heredero del reino de Asmax⎯se presentó ante los reyes saludando con un sutil movimiento de cabeza. ⎯Es un honor príncipe Axe, bienvenido al reino de Craenia⎯respondió Eric Feret, alfa y rey de Craenia con una apretada sonrisa. A un lado de este se encontraba quien debía ser la reina, con rostro serio y pulcro silencio, el aroma golpeó a Axe, ella era una alfa, sin embargo el tono amargo de su aroma casi lo hace vomitar ahí mismo, era un mujer alta, delgada, de cabello castaño y ojos verdes, al otro lado los que deben ser los príncipes, uno de cabellos castaños, con los ojos de su la reina y unas hermosas finas facciones, e intenso aroma a «café», por tanto, era un beta. A su lado hay alguien más, un hombre que lo observa con ojos fríos y gran atención. El rey Eric se acercó hasta el príncipe omega y lo tomó de la mano. ⎯Se que no hemos tenido las mejores relaciones durante los últimos años, aún así espero que al menos sea tolerable su estadía aquí⎯dijo, Axe sonrió. ⎯Eso espero, su alteza⎯correspondió mirando por encima del hombro de Eric con fingida empatía, su loba gruñó y Axe juró verla sonreír como solo un lobo podría hacerlo. La tensión se sentía en el ambiente, todos en silencio y alerta, Axe lo sabía, había entrado a un campo de batalla, donde sus opciones eran morir, terminar herido, y difícilmente salir ileso.
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