Capítulo 1
Las lágrimas cayeron sobre los papales ya maltrechos entre mis manos, me pedia el divorcio, mandó los papeles a nuestra casa con un abogado, un hombre frío que apenas me miró al entregarlos, todo mi cuerpo temblaba; cuando el hombre me dijo que venia de parte de Roger hasta puse una sonrisa pensando tontamente que podía ser un regalo, o una invitación, pues era el día de mi cumpleaños.
No eligió otro día para hacerme llegar los papeles de divorcio, eligió el mismo día que yo cumplía veintiséis años. Me odia, pensé, aunque fue un pensamiento que siempre evité tener, nunca pude descrifrar su mirada, ni entender su frialdad, pensé que quizás estaba dolido por la muerte de su prometida, algo de lo que yo no tenía la culpa, pero me quedó claro que me odiaba.
Tres años de matrimonio en los que nunca me tocó, no me dio un beso más que en la frente y solo delante de los socios de su padre, ni siquiera se tomaba la molestia de ser considerado conmigo delante de los demás fuera de ese circulo; evité a mis amistades para que no se dieran de que lo nuestro no era real, supe rapidamente que él no tenia la minima intención de fingir en nuestro matrimonio.
Pero ya lo sabía, me lo advirtió el día que nos casamos.
—Nos casaremos, pero no serás mi mujer, ni yo tu marido. Esta farsa acabará tan pronto pueda tomar el control de la compañía —dijo el día que nuestros padres sellaron nuestro compromiso.
Pero yo me enamoré, sola, porque nunca me había enamorado antes, él no era atento o lindo conmigo, sin embargo, no pude evitar sentirme fascinada por su silencio perpetuo, por su mirada perdida y triste, por su caminar lento y sigiloso, era atractivo, alto de cabellos oscuros, piel oliva, ojos oscuros, mandibula cuadrada, nariz perfilada, porte elegante, y muy inteligente.
Amaba oirlo en las reuniones familiares hablar de negocios, política, historia o cualquier tema actual, eran las unicas ocasiones en las que lo veía sonreír y ser el mismo, le gustaban esos temas, y discutirlos con gente muy instruida, a mí ni me miraba.
Odié llorar al darme cuenta de que eran los papeles del divorcio, habría preferido no verme tan patética, en mi fantasiosa cabeza él si sentia algo por mí, sentía algún tipo de atracción, y solo estaba cohibido porque el matrimonio fue una imposición de nuestros padres.
A veces yo entraba a una habitación dónde él estaba y se quedaba mirandome de forma fija por unos segundos, muy serio, luego desviaba la mirada, se veía sorprendido o nervioso cuando me veía muy cerca de él, me gustaba pensar que al menos le atraía. En el momento que me di cuenta de que los papeles eran su solicitud de divorcio supe que su mirada solo significaba una cosa: desprecio.
—No tiene que firmarlos ahora, ya está notificada —dijo el hombre, casi había olvidado su presencia, me limpié el rostro y lancé los papeles sobre la mesa del comedor, miré al abogado a los ojos.
—¿Qué se supone que haga?
—No mucho. Su esposo ha solicitado una forma de divorcio en la que solo basta que uno de los dos ya no quiera continuar casados, el divorcio se hará efectivo en unos meses sin mayores contratiempos.
—Es decir, no me puedo negar.
—No. Lo siento, este recurso no funciona así, puede hablar con el señor Evans, le dejo mi tarjeta, espero que esté bien —dijo, se quedó mirandome con algo parecido a la lástima y se marchó dando pasos rapidos hacia la puerta.
Pasé saliva y me senté en la mesa del comedor, cerré los ojos y me eché a llorar con el corazón roto, estaba cumpliendo veintiséis años y era una tonta ilusionada con un hombre que solo me mostró desprecio y me pedía el divorcio el mismo día de mi cumpleaños.
Qué clase de estúpida tenía que ser para romantizar su desprecio, para no darme cuenta que me odiaba y no podía esperar a separarse de mí. Nunca hablabamos, no éramos ni amigos, sabia muy pocas cosas de él directamente de su boca, nunca me escuchaba, no me sonreía.
Si me evitaba, ¿cómo pude pensar que en el fondo yo le atría y solo tenía miedo de enredarse conmigo por los negocios de nuestros padres?
Me sentí tan rídicula y estúpida.
Sonó mi teléfono, quise ignorarlo, pero comenzaban a llegar las llamadas de felicitaciones por mi cumpleaños, no podía ignorar esas llamadas y menos las de mi madre, así que aspiré aire, sonreí mientras respondía como si nada estuviera pasando.
—Haremos una cena para ti en casa, vendrás con Roger, todo está arreglado.
—No sé si el pueda, prefiero quedarme en casa —respondía conteniendo las ganas de llorar al teléfono.
—No, para nada, ya te he dicho lo importante de celebrar los cumpleaños, no seas así, esta noche habrá al menos una cena, pastel y champán, mi única hija no cumple años todos los días.
Sonreí en medio de mi profunda tristeza.
—Quizás Roger no pueda, seríamos solo papá, tú y yo.
—Tu tía Miriam va a querer venir.
—No, mamá, después la visito, de verdad, no estoy de ánimos para ver a nadie.
Terminé la llamada con mi madre, tuve que convencerla de no invitar a mi tía Miriam, quien no dejaba de preguntar cuando tendría hijos, y si estaba cuidando bien a mi marido, ya podía oír las cosas que diría cuando supiera del divorcio.
Me sentía tan poca cosa, como una fracasada, ni siquiera pude conquistarlo, no pude hacer que se interesara en mí o me conociera, él se mantuvo cerrado todo el tiempo y no hice el minimo esfuerzo por que se abriera conmigo. Me gustaba pensar que no era fea, o demasiado tonta, así que no podía comprender por qué parecía detestar verme.
Soñaba con conquistarlo un día, ahora tenia en mis manos los papeles del divorcio, pronto dejaría de ser Aurora Evans.