Luego de una larga noche de regaños por parte de mi madre, y advertencias por parte de mi padre, el día finalmente acabó. No hice más que pensar en él el resto de la noche. Era extraño ese sentimiento de apego emocional tan rápido, al igual que rogaba sentir su cuerpo una y otra vez. Me cuestionaba todo, y probablemente la mayor parte de mi vida, pero ¿cómo era posible que confiara tanto en él? Mi cuerpo sentía que estaba en su lugar en el mundo, y ya dejaba de dudar cada que él me tocaba o tenía mi cuerpo con él. Busqué mil formas de verle esa noche, pero la verdad era que no sabía dónde estaba su casa, más allá del estacionamiento, oficina y cuarto rojo, tenía que esperar chocar con él por el pasillo o que tuviese la valentía de aparecer por mi casa aunque mi madre quisiera matarle

