Esa mañana no me importo la resaca con la que me desperté ni lo mal que me sentía por dormir en el mueble, mis hermanos y yo recogimos todo el reguero que hicimos la noche anterior, después nos dimos una ducha y salimos a desayunar, yo intentaba ocultar la sonrisa boba que tenía en la cara, pero no podía porque ese día Martin y yo nos volveríamos a ver luego de una semana, era estúpido extrañarlo tanto cuando hace solo 7 días que nos vimos. Era inevitable. Estar con alguien era lo que siempre quise y ahora no iba a dejar que nada lo estropeara, ahora nos pertenecíamos. Cuando cumplí los 15 años mi madre se empeñó en hacerme una enorme fiesta, al principio estaba negada, porque no tenía amigos suficientes para que asistieran, acaso me hablaba con algunas personas en la escuela, no las co

