Si alguien me hubiera dicho las cosas que iban a pasar unas horas más tarde, hubiese detenido el tiempo cuando abrí los ojos, cuando me moví y sentí su cuerpo contra el mío, ese calor que siempre emanaba de su cuerpo, tenso su brazo sobre mi cintura, se pegó más a mí y rozo su nariz sobre la piel desnuda de mi hombro. –Todavía no, es temprano– susurro, sentirlo tan cerca de mí, que los dos estuviéramos desnudos bajo las sábanas, que las 7 horas anteriores nos pertenecimos, que fueros el uno del otro, solo de recordar cómo era tenerlo dentro de mí me calentaba todo, la tripa se me encogía de placer, quería volver a hacerlo, una y otra, y otra vez. –Lo sé, pero recuerda que tenemos que ir a la casa de papá Arturo antes del mediodía– me giré para poder verla el rostro, espesos mechones de

