Sin reflexionar lo suficiente en lo que les ocurría, Sofía tomo la mano de Emiliano y lo guio hacia las caballerizas en donde a solas sus labios se unieron una vez más y se entregaron a la magia del hechizo que les envolvía. La estructura de madera se convirtió en un palacio en su mente y la paja del suelo les parecía la cama más suave de todas, cuando lentamente se dejaron caer sobre la misma, mientras Emiliano sobre el cuerpo de Sofía besaba y acariciaba cada contorno del rostro de la joven, el deseo dormido por tanto tiempo les dominaba en ese momento, todas las fantasías que en la mente de Sofía se crearon al recordar el primer beso volvían en ese momento y se instalaban a un lado de los dos amantes que en brazos del amor más puro empezaban a desvestir sus cuerpos. Las manos tembloros

