Luego de una agradable tarde, la madre de Sofía y la señora Tomás regresaron cada una a su respectiva casa, sin embargo, mientras una entraba en el cuarto de su sobrino para reprenderlo en medio de un alboroto festivo en el que el duque se vio suplicando que bajase el tono de voz porque si no haría que todo el mundo se enterara de la situación, la otra entro a su habitación para encontrarse con el ceño fruncido de su esposo, que en silencio exigía una explicación más convincente sobre su presencia en la casa del duque y sobre todo los motivos que tuvo para estar a solas con él, ella dudó unos instantes en si debía o no hablar, pero conociendo el carácter de su esposo se decidió por no tentar más a su suerte. ―Ya os ha dicho el duque el motivo por el que me solicito una pequeña entrevista,

