Los días pasaban y la desesperación de Emiliano crecía al no ver qué su amada despertaba, cada día se veía más demacrada y delgada a pesar de estarla alimentando mediante sueros que le suministraban a través de las venas, las cuales empezaban a tornarse algo moradas por el constante uso. La amenaza de perder a su bebé se hacía más fuerte a cada segundo que pasaba, por lo que el padre no tardó mucho tiempo en darse cuenta y aunque se sintió traicionado por su familia y humillado por el duque, su molestia se disipó al recordar que gracias a ese joven habían recuperado a su hija. Las maldiciones y blasfemias no tardaron en llegar cuando la situación se tornó aún más preocupante, si Sofía no despertaban debían de interrumpir el embarazo con la intención de salvarla a ella, sin embargo, la pos

