No dije nada. Mi voz se había apagado. Ella lo interpretó como consentimiento y deslizó la mano bajo mis bóxers. La sentí deslizarse suavemente por mi pene, disfrutando de su tacto y textura. Luego, lentamente, me pasó los dedos por los testículos, antes de levantar la mano y empezar a acariciarme la polla. Ronroneó levemente mientras seguía besándome el pecho y apretando el resto de su cuerpo contra mí. Sentí su coño, empapado, moviéndose lentamente de un lado a otro sobre mi pierna. Fue un milagro no correrme en los primeros cinco segundos. Nadie me había tocado en dos años. Apenas me había tocado. Me preocupaba que mi deseo s****l se hubiera apagado con mi esposa. Ashley lo reavivó como si usara un lanzallamas. —Jesús, Ashley —dije, recuperando la voz. —No, papi —susurró con voz de n

