Por fin había llegado a mi habitación. Sentía los músculos tensos y la cabeza cargada de pensamientos. Me quité la camisa con un tirón y la lancé sobre la silla. Todo lo que quería era una ducha que me despejara. Por suerte, Bree no había entrado todavía. No habría soportado otro intercambio de miradas incómodas ni sus respuestas dulzonas que parecían desafiarme a cada palabra. Abrí la llave del agua y esperé a que el vapor llenara el baño. El sonido constante del agua cayendo contra los azulejos era lo único que conseguía calmarme… hasta que un pensamiento me atravesó como una descarga. —Mierda… —murmuré, deteniendo el agua de golpe. Había dejado a Bree sola en el jardín. Mi padre la atacaría. Me quedé inmóvil un segundo, el corazón me dio un vuelco. Conociendo a Richard Cooper, prob

