Capítulo 17

2382 Palabras
Manuela La mañana llega y los nervios por ver a Axel me traicionan estoy más feliz de lo normal y Gonzalo cree que es, porque estamos yendo juntos a la empresa, como la pareja de moda. Estos días se ha empeñado en usar solo mi auto, sé que es su grito desesperado por tener mi atención. O una manera de controlar mis horarios respecto a esa última salida. Como sea tengo que hacerle saber de la llegada de Axel. —¿Sabes? Un amigo de Fermín necesitaba trabajo y me pidió que le busque algo que hacer en la empresa, aunque fuese de limpieza —Le informo. —Bueno, veremos que puede hacer, quizás haya algún puesto en la sección de mantenimiento o de limpieza, pero si tiene alguna habilidad con las computadoras tal vez Frank tenga algo para él. —Gracias, amor —. Siento como todo se me remueve dentro con esa última palabra. —Te preocupas demasiado por esas personas. No puedes pasarte la vida haciendo caridades y favores — me dice en tono molesto. — ¡Gonzalo! —Lo sé querida, sin embargo, no puedes darle empleo a todo el que te lo pida, si fuese a si toda la empresa estuviese llena de ineptos. —Tienes razón, quizá le de empleo en la casa, Julia necesita a ayuda para mantener en orden todo y… —Si no hay nada aquí —Dice mirándome—Le das el puesto de chofer—Me dio un beso en los labios y le sonrío, llenándome de asco. Sus labios queman los míos, este repudio crece y se hace incontrolable. Al llegar a la empresa, Janeth se cuelga del brazo de Gonzalo, intentando provocarme celos o qué sé yo. —Gonzalo, querido, que bueno que llegaste. En estos momentos, se está llevando a cabo una junta muy importante— intenta llevárselo —. Es solo para los altos cargos— lo recalca, como si yo estuviese interesada en asistir. —No hay problema amor, ve con ella — le digo — tengo cosas que hacer en la oficina. —Por cierto — me informa Janeth antes de irse —Frank tiene una negociación en su ofician con un cliente potencial. No se te ocurra interrumpirlo. —Por supuesto—sonrío y me alejo. Subiendo a mi oficina le llamo a Jorge, el portero del edificio y le pido que deje pasar a Axel en cuanto llegue. Al pasar por la oficina de Frank lo escucho reír con alguien, no le doy importancia y me encierro en mi despacho a ordenar papeles y firmar reportes, ahogando las ansias que me consumen por contemplar a Axel. Media hora después, que pareció ser una eternidad, Jorge me llama anunciando la llegada de Axel. —Ya está subiendo a su oficina, señora— expresa el hombre con amabilidad. —Gracias. Salto de mi escritorio, busco con desesperación el espejo de mi cartera y me admiro un instante, retoco mi maquillaje y me arreglo un poco la ropa, los nervios se apoderan de mí, me nublo por completo, no sé qué declarar, mi corazón late descontrolado hasta que el Toc, toc, toc, toc, de la puerta me paraliza. —Adelante — manifiesto manteniendo la vista en la entrada y al compás de mi respiración agitada, él aparece. Al igual que las veces anteriores, su luz deslumbra mis ojos, se acerca lentamente con esa sonrisa tan bonita en sus labios, ¡Dios! Esos labios carnosos y dulces que a pensarlos me derriten. —Buenos días —, Susurro al tenerlo tan cerca. —Buenos días, señora Manuela— expresa acercando sus labios a los míos, jugando con mi deseo de probarlos, es como si supiera el temblor que provoca su respiración sobre mi cara. —Trajiste tu currículum— Digo tratando de salir del trance. Pero antes de dar un paso atrás, con sus fuertes brazos me rodea por la cintura y me acerca a su pecho. ¡Ay! Como maldigo el deseo de morir sintiendo ese calorcito tan rico. —Sí, aquí lo traigo conmigo —susurra sin dejar de mirarme, acercando sus labios a los míos. Me besa con suavidad, como invitándome a frenarlo, sin embargo, o puedo hacerlo, sus labios se sienten tan suaves y cálidos que la tentación de lo prohibido me consume, me pierdo en sus caricias, ese beso desesperado y lleno de pasión que hace temblar mis piernas. De pronto mi razón regresa, Gonzalo está en la empresa y puedes llegar en cualquier momento y esa maldita puerta no tienen seguro. —Aquí no — lo aparto con pesar —¡por favor! Aquí no —suplico apartando sus manos de mi cuerpo. —Lo siento, no quiero causarte problemas, solo que cada segundo sin verte me llena de agonía y mi corazón renace con tus besos —vuelve a acercarse. Dejando un suspiro me aparto y camino hacia el escritorio. —Entrégame tu currículum —pido de una manera muy nerviosa. Axel sonríe y saca un folder de su mochila. Lo tomo entre mis manos y lo abro, ni siquiera puedo leer una letra, algo me pasa, todo lo observo nublado. —¿Le hace falta algo? — interroga él acercándose. —Que es lo que sabes hacer— levanto la mirada disimulando. —Labores domésticas, besar muy bien y hacer el amor como un verdadero maestro. En la cama no tendrás queja alguna— habla de un amanera pícara, haciéndome sonrojar. —Pregunto en… —Lo siento —sonríe —, sé hacer de todo, he trabajado de electricista, albañil, mecánico, panadero, cocinero, fontanero, jardinero, he hecho mandados, fui chofer. Uno mil oficios, garantizado. — ¿Sabes algo de computadoras y programas? —Vuelvo a poner los ojos en los papeles. —No soy un hacker, pero sé algo de diseños, y lo básico en Word y Excel. —Perfecto, si me esperas un momento —Me aparto—Iré a preguntar si Frank tiene algo para ti. Salgo de la oficina emocionada por la idea de tener a Axel trabajando en la empresa, que abro la puerta del privado de Frank sin tocar. —Frank, necesito… —cuando no pensé ver semejante escena, el folder se me dé las manos—Lo siento—Dije cerrando la puerta de inmediato, dejando la carpeta tirada en el piso de su oficina. Me quedé un momento, congelada frente a la puerta sin saber qué hacer, entonces oí unos pasos acelerados, Frank abrió de inmediato. —Por favor, entra —colocando su mano en mi hombro para llevarme cerca del escritorio. Estoy nerviosa  y trato de que lo que he admirado no me cause problemas, no tengo nada en contra de ello. Entonces, Román se acerca y me entrega el folder. —Lamento lo que observaste—Dice apenado mi amigo, hace muchos años que no lo veía y nunca creí encontrarlo de esta manera. —No te preocupes, debí tocar primero. Soy yo la que debe disculparse. Frank caminaba de un lado a otro, muy afligido, se sentó y me pidió que hiciera lo mismo, Román se sentó al otro lado y ambos me miraron con ojos suplicantes que no diga nada. —No tienes que expresármelo Frank, es un tema que no me compete, además, sabes que no me gusta intervenir en la vida de nadie, menos en sus decisiones. —Eres un ángel, amiga—Expresa, Román. Sonriendo, les cambio de tema. Le hablo a Frank del muchacho desempleado que tengo en mi oficina. Supongo que sintió la obligación de pagarme el favor, porque accedió de inmediato a conocerlo. —No quiero que lo hagas por obligación Frank, en serio, si no puedes darle un puesto, lo llevaré a casa como chofer, ya hable con Gonzalo de ello, aunque eso no lo haría feliz, pero tampoco quiero que te sientas obligado a… —Descuida Manuela, lo hago de todo corazón — me responde Frank. —Voy por él para que lo conozcan y déjame decirte que de mi boca no saldrá nada, pueden confiar en mí. Abandono su oficina de inmediato y cuando entro a mi despacho, Gonzalo estaba sentado en mi lugar con cara de pocos amigos, sin duda lo sentía como un intruso, ya me imagino que por su cabeza se cruzaron miles de preguntas y la principal seria ¿Por qué mi interés en darle trabajo? ¡Dios! —Hola Gonzalo—manifiesto fingiendo una sonrisa—Frank tiene un puesto que necesita cubrir —Acercándome —Qué bueno—expresó sin dejar de mirarlo— porque no me lo hacía en casa con su delantal—sonríe con malicia. —Aunque no lo crea, ya los he usado señor—Responde Axel levantándose—son muy cómodos y atractivos para las chicas—deslizó su mirada hacia mí. —Espero que Frank sepa lo que hace, no me gustan los incompetentes—Gonzalo deja el escritorio y se me acerca, me toma por la cintura y me besa sin que pueda evitarlo, ¡j***r! Mis ojos permanecen abiertos, estoy aterrada—Nos vemos más tarde amor. —Manifiesta caminando a la puerta. Me quedo congelada mientras Axel sigue a Gonzalo con la mirada y una ligera sonrisa en sus labios. No le doy importancia a la patética escena de celos de Gonzalo y llevo a Axel con Frank. Y mientras él lo entrevista Román se acerca susurrando a mi oído “Tenemos que hablar amiga”. Nos dirigimos a mi oficina, echo el seguro a la puerta y mi amigo abre su corazón. —Siempre fuiste una persona especial en mi vida, fuiste una amiga sincera que me apoyó en todo momento, fuiste la única que me trato como una persona normal. Eso lo aprecio en verdad, por eso debo contarte lo que paso hace un rato habla Román. —No necesitas… — ¡No amiga! —cortándome— Tengo que contarte lo que paso en realidad. No es que me avergüence de la escena que viste, es que siendo mi mejor amiga, yo negué conocerte. Cuando empezó a narrarme su historia con Frank, me pareció una historia única, como la que le gustaba vivir a mi buen amigo. Se conocieron hace seis años, para ese entonces Frank tenía unos dieciocho, seguía viviendo bajo el techo de la familia Rivera. Su madre había muerto de cáncer hace unos años y por ser hijo único, el padre de Gonzalo lo acogió como parte de su familia, ya que su padre había muerto cuando él era un bebé. Una vida nada sencilla para él, tomando en cuenta que Consuelo García, era la peor madrastra que pudieses tener. Román ya había salido del closet, como le dicen, hace algunos años y como resultado, la sociedad entera le dio la espalda; empezando por su propia familia y amigos. Paso muchos años en soledad. En la universidad fue víctima del peligroso bullying por muchos años. Era un alumno excepcional, uno de esos estudiantes que son el orgullo de todos los maestros y el que tenía el futuro más prometedor. Cosa que no ha variado, es uno de los que cumplió sus sueños profesionales. En pocos años ha logrado establecer su propio bufete de abogados, maneja una pequeña compañía y se sigue preparando porque su meta es ser juez. No dudo de que lo logre, tiene muchos amigos fiscales y jueces, siempre ha sido un chico dinámico y nada cohibido, buscando superarse, para él no existe el rendirse y a pesar de las pruebas o trabas que le ha puesto la vida, las ha superado todas. Siempre admiré su valentía de enfrentar el mundo, de mirar de frente y nunca avergonzarse por lo que era. La sociedad hasta a hora no puede aceptar esa opción de vida y se escandaliza cuando los ve en las calles. Sin percatarse de los verdaderos horrores y atrocidades que se esconden los seres humanos. —En la noche de tu cumpleaños te observamos entrar, Frank se asustó y todo el tiempo se mantuvo oculto. Recuerdo que me enojé y pensé en salir de ese bar, creí que lo nuestro le incomodaba, que estaba arrepentido de salir conmigo; pero no era así. Temía que le contaras a Gonzalo y a su familia. —Tú me conoces Román, jamás haría algo de esta manera... —Le dije que no te conocía —la interrumpe —, es que hablaba de ti de una manera tan en particular que en un instante, me llené de celos y te odié. Sin embargo, al final me di cuenta de que solo te aprecia y te admira como mujer. — ¿En serio? —sonrío. —Sé que se habían mantenido al margen de todos sus problemas. Consuelo es todo un caso y Gonzalo, pues; Gonzalo es uno mayor. —Sonríe. Continuando con su narración, supe lo que verdaderamente le intriga a Frank; Janeth. Cuando lo obligaron a casarse con ella, Román estaba fuera del país, al volver se encuentra con esa ingrata noticia. Pasaron un bajón en su relación y por poco llegan a terminar, sin embargo, el amor pudo más que las ambiciones familiares. Por otro lado, supe que Frank lleva algunos años recolectando información; según Román, no quiere estar toda la vida junto a Janeth, no obstante, tampoco puede dejarla. La malvada bruja le hizo firmar un acuerdo prenupcial del que no saldría bien librado y obviamente que Consuelo saldría perjudicada y eso no es lo que desea. —Hay mucho misterio alrededor amiga —Dice Román— Hay cosas extrañas, sin embargo, para eso me estoy preparando. Si escuchas algo o quieres unirte al grupo solo llámame—me extendió una tarjeta—es mi número personal. —Gracias, amigo. Es bueno saber que aún puedo contar contigo. Se veía más tranquilo, aliviado, habíamos vuelto a ser amigos, nuestra amistad empolvada hace cuatro años sigue intacta. —El chico que está en la oficina de Frank —dice antes de irse—es muy guapo y atractivo, como se dice un apetecible pedazo de carne. —Hizo un gesto de morder, lo que me provocó una gran risa —Sin duda es muy difícil resistirse al pecado. Ten mucho cuidado con Gonzalo. —Debo hacerlo.  
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