Manuela —cuatro días después
Frank contrató a Axel y aunque Gonzalo no estuve de acuerdo, no se negó a aceptarlo. No obstante, las cosas se han vuelto algo tensas, Gonzalo ha empezado a ser demasiado molesto con sus celos, no me deja sola ni para ir al baño, me sigue a paso sigiloso y aunque he tomado todas las precauciones para no ser tan evidente, siento que me ha descubierto. Cuando ambos coinciden en el mismo lugar, se echan unas miradas como si entre ellos existiese un odio desmedido, las palabras en doble sentido, los ataques sutiles como arma de doble filo que atraviesa y destroza en demasiado notoria. Cualquiera se da cuenta de que se odian y yo soy la causa.
Y no es que quiera culpar a Axel, pero ese hombre está tentando al demonio, no deja de sonreírme, ser exageradamente amable cuando me ve junto a Gonzalo.
—No me gusta cómo te mira, no esa manera suya de sonreír como un retrasado ¿Acaso intenta conquistarte? — me dice Gonzalo intentando sonar calmado.
—Solo está agradecido y es amable —Le respondo mirándolo de reojo.
Sigo caminando por el pasillo hacia mi oficina.
—¿Amable? —me toma del brazo deteniéndome — es grosero, vulgar, altanero, creído y no se queda callado.
—Si tanto te molesta manifiéstaselo a él, no a mí — aparto mi brazo para abrir la puerta de mi despacho.
—¿Te gusta? Me lleva contra la pared.
—Eso es lo que piensas, sería muy conveniente para ti, ¿verdad?
—¡Escúchame!, si te atreves a traicionarme, lamentaras eternamente tu osadía.
—No necesito de tus amenazas —. Lo empujo, muy molesta, haciéndome la indignada ante sus sospechas. Pero me detiene, llevándome una vez más contra la pared, con una de sus manos me sujeta el rostro con fuerza, obligándolo a mirarlo.
—Eres mía, solo mía no lo olvides.
—Me haces daño— murmuro, intentando apartar su mano, sin embargo, no tiene las intenciones de soltarme.
—Si se atreve a tocarte, no vivirá para contarlo.
—Suéltame — golpeo su brazo para que deje de hacerme daño, finalmente me suelta—. Estás enfermo de inseguridad— intento alejarme y vuelve a detenerme, esta vez me toma del brazo y me habla de lado, directo a la oreja.
—Más te vale que no me engañes — deja un beso en mi mejilla y deja mi oficina.
Mañana es el cumpleaños de Ankly y ya tienen todo preparado para la gran fiesta, un fin de semana explosivo en la casa de playa de sus padres. Justo Gonzalo se va del país por la tarde y me muero por asistir, porque obvio Axel estará presente cantándole las mañanitas y muero por volver a estar a solas con él aunque sea unos minutos. Después de lo ocurrido no sé si deba comentarle mi asistencia, porque en definitiva dirá que no, pero de todos modos se lo diré. Si va a enterarse de mi asistencia que sea por mí, no quiero darle más motivos para alimentar sus sospechas.
Durante la cena me atrevo a soltar la bomba.
—Quiero informarte que mañana es el cumpleaños de Ankly y voy a asistir a su celebración — expreso muy seria y segura. Y estoy preparado para mandarlo al diablo si pone una excusa para no asistir.
—Está bien —responde, dejándome fría— Solo quiero que te cuides mucho, lleva a Julia si es preciso, no me gustan esos lugares, hay muchos malandrines, es un distrito peligroso.
—Estaré bien. Gracias por preocuparte.
Fue demasiado fácil o está planeando algo.
A la mañana siguiente
En toda la noche no pude pegar un ojo, dándole vueltas a ese cambio repentino de actitud. Durante el desayuno estuvo muy amoroso, como si no recordar que la tarde de ayer me amenazo, y tampoco quise preguntárselo. Debo estar atenta a esos cambios y ver los patrones, algo no anda bien, lo presiento.
Por la tarde se despido como de costumbre, pero haciendo hincapié en su extrema inseguridad.
—Llama para lo que necesites, mi vida. No importa la hora. ¡No! Mejor te llamaré cada hora, para asegurarme que no estás en peligro, si necesitas resguardo puedo decirle a…
—No exageres Gonzalo, no ha pasado nada estos años y no me pasará nada ¿hoy, porque tiene que ser diferente?
—No me gusta que vayas sola a esos lugares. Te amo y no quiero que te pase nada, estarás rodeados de gente de bajo nivel. ¿Qué pasa si…?
—Si te tranquiliza le pediré a Frank que me acompañe, ¡Está bien!
—Eso me alivia, de paso le daré algunas recomendaciones por teléfono.
—Perderás el avión, todo estará bien. Me cuidaré y Frank hará su mejor esfuerzo siguiéndome como perro faldero, será peor que tener a tu madre diciéndome que debo y no debo hacer —expreso, alcanzándole el portafolio. — ¡Confía en mí!
—Confío en ti, mi amor—Me deja un beso en los labios —No confió en esos sitios, porque no le insististe en hacer su fiesta en algún local de la ciudad.
—Porque es su fiesta, no mía —le recuerdo.
—Solo… cuídate — se despide.
“¡Ay!, al fin” dije aliviada cuando salió de la casa.
Sin perder tiempo le marco a Frank, para disculparme por meterlo en este lío.
—No hay problema, me caerían bien unos días lejos de Janeth y si es la playa mucho mejor.
—Puedes llevar a Román, la reunión será entre amigos. No habrá nadie que nos conozca — le informo.
—¿En serio? — se emociona.
—Te debo una y con esa estaremos a mano. Nos cubriremos la espalda. ¿Qué dices?
—Que es una oferta tentativa que no puedo rechazar, te tomo la palabra, a qué hora paso por ti.
—A las siete, debemos recorrer un largo tramo.
—Excelente.
Luego llamo a las chicas para darles la buena nueva y ellas me endulzaron el día con la noticia de que Axel estaría presente no solo para cantar unas horas, sino que se quedaría hasta el día domingo.
—Papá mencionó que únicamente mis amigos se quedarían en la cabaña, y como es uno de mis amigos, tendré el gran honor de deleitar mis pupilas con su encantadora figura masculina— me confiesa Ankly por teléfono —Aunque supongo que otra ya tiene mejores planes con él en la cama — se carcajea.
—No declares locuras —digo.
—Locura seria no hacerlo— Grita Catalina, terminando ambas en carcajadas.