capítulo 13

1246 Palabras
Gonzalo Cuando salí del aeropuerto le pedí a Óscar que vaya a la empresa y empezara con su trabajo. Aunque insistió en que era una locura, terminó obedeciendo, yo fui al hotel y unas horas después, como a las siete de la noche me hace la primera llamada para dejar el reporte, Antes de las cuatro había dejado la empresa para dirigirse a la cafetería de Fermín, y hasta el momento se encontraba ahí con sus amigas. Eso y lo que Janeth insinuara, me llenó de dudas y celos incontrolables, quería salir corriendo a esa cafetería y ver personalmente con quien estaba engañándome. Pero, tratando de controlarme tomo un taxi a casa y me quedo a esperarla en la sala mientras Julia observaba la televisión, sin decirme nada o mostrar algo que delatar lo que hacía Manuela cuando no estaba en casa. A eso de los nueve y cincuenta. Óscar me envía una fotografía de ella y sus amigas saliendo de la cafetería, se contemplaban muy felices, no me gusta que visitara lugares públicos con ellas, porque son tan corrientes y poco juiciosas. No obstante, no puedo prohibirle que deje de visitarlas y sé que si existe una razón de sus mentiras, es por ellas. Luego en la cama la sentí más fría que de costumbre. Sé que no me ama, lo nuestro no es precisamente la unión más perfecta y romántica, sin embargo creí que con los años podría hacer que cambie de opinión, sin embargo, nada ha cambiado, sigo siendo solo el camino que tomó para tocar su herencia. Unas horas después, a las cinco de la mañana las pesadillas me apartan de las sabanas. Observarla dormir a mi lado es como un premio de consolación, no está en mi cama, es solo su cuerpo. Su mirada no es la misma y eso está volviéndome loco, le hice el amor como nunca antes y ella… simplemente no estaba, sus caricias frías y sus gemidos vacíos me siguen perturbando, nadie ni nada me quita de la cabeza que existe otro hombre. La estoy perdiendo y me niego a aceptarlo, Manuela es y siempre será mía, solo mía. Dejo la cama y voy a la cocina en busca de un vaso con agua, me quedo un rato pensando en mil tonterías que podría hacerle al maldito que se haya atrevido a quitarme a Manuela. No quiero creer en que mi Manuela y él... ¡No! Ella no haría eso. Tiene un contrato que cumplir y lo ha hecho durante estos ocho años, no puede cambiar eso. Estoy saliendo lleno de ira, cuando me encuentro con Julia. —Buen día, señor Gonzalo— Saluda con amabilidad la vieja. —Buen día, Julia. —¿Le preparo un café? —No, en este momento no quiero nada, Gracias. Iré a trabajar al despacho y te pediré que no me molestes, ya saldré a desayunar. —Como guste señor— responde ella caminando hacia la nevera. —¡Julia! —me regreso. —Dígame señor. —El día viernes, la señora Manuela salió a algún lado. —No señor— responde con convicción y sin bajarme la mirada —¿Por qué la pregunta? —Cómo fue su cumpleaños creí que se había animado a dejar la casa por una noche. —Vinieron sus amigas y vimos una película, luego escucharon música, yo me fui a dormir temprano. —entiendo —Estoy por irme cuando me detengo —¿Crees que puedas ayudarme a prepararle algo este fin de semana? —Por supuesto señor, eso alegrara a mi niña— expresa emocionada. —Hasta más tarde. Me alejo despacio. Pensando en sus respuestas, las mismas que me dio Manuela anoche, pero no van con el video que me envió Janeth. ¿Qué estaba ocurriendo? Voy a mi oficina y la preocupación me asfixia, busco el teléfono y le marco a Óscar, sé que es temprano, sin embargo solo él puede calmar esta angustia desesperante. Espero un momento hasta que escucho su voz medio dormida. — ¿¡Gonzalo!? ¡Santo cielo! ¿Por qué tan temprano? ¿Sucedió algo importante? —Sí, me estoy volviendo loco, no quiero perder a Manuela, sin embargo, siento que ya lo he hecho. Ayer cuando regresó a casa, la enfrente y mintió descaradamente ¿Desde cuánto es que lo hace?. La tengo en mi cama, entre mis brazos y siento que no está conmigo. La estoy perdiendo y no sé qué hacer, no puedo torturarla para que me diga esa verdad que no quiere decir. —Cálmate, amigo, —Bostezando—las chicas mienten en algún punto de la vida, si esto te sirve, quiero repetirte que estuvo en la cafetería con sus amigas todo el tiempo, tengo fotos de ellas sentadas en una mesa tomando café, platicando y riendo como cualquier mujer de su edad, quizá querían hablar a solas de tema de chicas. — ¿Y por qué no me dijo dónde estuvo? —Gonzalo, tu familia es la primera que dice que esos lugares no son adecuados para una Rivera, quizá solo quiso evitar el disgusto de tus sermones. Porque lo primero que haces es gritar y maldecir cuando no se hace lo que tú quieres. ¿O me equivoco? —Acepto que soy un poco controlador. —¿Solo un poco? —Eso no le da derecho a sentirme. El día de su cumpleaños hizo algo y todos la están encubriendo. Hace rato le pregunté a Julia y declaró exactamente lo que ella dijera ayer. —Quizás es, porque así pasó, cuando haces algo, no puedes obligar a tu mente a expresar lo contrario. ¡Cálmate! Habla con ella respecto a lo que declaró Janeth. Sé que Manuela es incapaz de engañarte, quizá solo está asustada, tiene miedo de que explotes por romper las reglas absurdas a la que la sometes desde hace años. —No quiero perderla, ella es tan joven y hermosa y yo… solo un viejo millonario. —Uno que vive rodeado de mujeres interesadas, bajo una vida de excesos absurdos y temes que la sumisa que compraste se rebele. — ¿Por qué lo mencionas? ¿Qué sabes? — ¡Vamos! No necesito ser detective para darme cuenta de su matrimonio fue arreglado. Tal vez engañen a todo el mundo, pero a mí no. Por otro lado, te conozco, dejemos las mentiras a un lado, lo que temes es que la imagen del matrimonio perfecto se vaya al carajo. ¿Amas a una chiquilla o amas la belleza y tranquilidad que ella te complementa? Ahora déjame dormir un rato para salir de nuevo a la persecución vacía, de esta pequeña rebelde. Óscar se carcajea y corta la llamada, quizás esté haciendo una tormenta por causa de sus mentiras, sin embargo es que tengo razones para sospechar, mi corazón nunca se ha equivocado y en este instante me grita de que existe alguien más en su camino. Cuando sepa quién es ese miserable lamentara el haber nacido. Por otro lado Janeth parece estar muy interesada en contarme las cosas que Manuela me oculta. Sé cuánto la odia, pues desde hace mucho, ansia el puesto de gerente en la empresa, es la favorita de mamá y aunque fue la candidata perfecta para casarse conmigo, no soportaría estar atado a una mujer como ella. En parte agradezco que mi padre insistiera en casarme con Manuela. Viendo a mi pobre primo padecer ante sus encantos, tengo más que suficiente.
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