La partida de la Manada Luna Plateada había dejado un eco de tensión en el aire del Castillo Real, un recordatorio de las ataduras del pasado y las expectativas que Miosotis había dejado atrás. Pero con la inminente amenaza de Morgantha cerniéndose sobre Lykaios, el tiempo para la indecisión se agotaba. Miosotis se enfrentaba a una elección monumental, una que no solo definiría su propio destino, sino el del Príncipe Ragnar y el reino mismo. La confrontación con su padre, el Beta Aldwyn, y la reaparición de Kieran habían sacudido a Miosotis más de lo que había admitido. A pesar de su firmeza en el salón del trono, las palabras de su padre resonaban en su mente: "Tu lugar está con tu gente, con tu manada." La idea de la familiaridad, aunque dolorosa por el rechazo, aún ejercía una sutil a

